
La eminente pensadora recibió recientemente, en una inolvidable gala, el Premio Taburiente, que concede la Fundación DIARIO DE AVISOS. Ahora responde a nuestras preguntas en una entrevista en exclusiva tras la actualidad de su hallazgo más popular, la palabra aporofobia, que va a ser incorporada, con categoría de delito, al Código Penal. Es una de las mayores expertas en filosofía ética y moral. Nació en Valencia, en 1947, donde estudió Filosofía y Letras y obtuvo su doctorado en 1976. Desde 1987 es catedrática de Ética y Filosofía política en la Universidad de Valencia.
-Su vocación le ha llevado al magisterio de la filosofía y la ética, dos disciplinas maltratadas últimamente en la enseñanza. Su defensa en la gala de ambas fue extraordinaria.
“La filosofía es imprescindible para la educación y la formación de las personas y la formación una sociedad democrática, pues a través de ella la gente puede argumentar, deliberar, no dejarse llevar por fundamentalismos, discutir, reflexionar…, por eso es importantísimo que en las escuelas haya una formación filosófica que les prepare para estar en el espacio de la opinión pública, reflexionando y argumentando, buscando el diálogo y no el conflicto y, además, porque da marcos para interpretar la vida. La ética también es enormemente importante y se tiene que potenciar y mantener. Todos los niños y niñas deben tener una formación en valores cívicos que comparten todos los ciudadanos. Yo también pondría ética en todas las carreras universitarias porque es necesario en medicina, enfermería, periodismo, economía, etc.”.
-¿Quizás porque maniatar al ser humano y su opinión favorece a los poderes políticos que pueden inculcarles una idea única?
“Siempre ha sido así pero en este momento se está agudizando mucho la polarización y eso para un político es estupendo. La polarizacion siempre parte de un mensaje muy simple que pueda asumir cualquiera de los humanos y eso es lo que lleva a posturas irreconciliables. Por eso la filosofía intenta superar esos elementos binarios en los que se propugna que los de un lado son malos y los otros son buenos, esos son simplificaciones cuando la vida es más compleja. Es muy importante que reflexionemos sobre eso”.
-Tenemos estas semanas otro repunte de los fenómenos migratorios y las pateras por lo que su definición de aporofobia está desgraciadamente de actualidad.
“Considero que es impresentable que en el siglo XXI haya aporofobia y que se practique claramente en el caso de los inmigrantes pobres y los refugiados políticos. En general, la gente no tiene prevención frente a los extranjeros, sino frente los extranjeros pobres y nuestros conciudadanos pobres, aunque sean de la misma raza, sexo, ideología o incluso la misma familia. Lo que nos molesta es la pobreza. Solo hay que pensar cómo a nadie le molestan los futbolistas que vienen de fuera y se les ficha con unos contratos millonarios, se compran casas de lujos y les damos la ciudadanía rápidamente. Los que nos molestan son los pobres que no pueden darnos nada a cambio y ahí los refugiados y los inmigrantes son evidentes. Ha habido un descuido generalizado de lo que pasa en esos países de origen porque ahí es donde empieza el problema y después cuando vienen aquí encuentran un problema de rechazo entre personas concretas que es totalmente inhumano y que está poniendo en cuestión la Unión Europea”.

-Además es una materia muy sensible que está siendo utilizada como arma arrojadiza por los distintos partidos políticos.
“Es peligroso que la Unión Europea esté llegando a una división de partidos políticos a favor de acoger a los inmigrantes y otros que no lo están, y ahí están jugando sus cartas frente a su electorado gente como Le Pen o Salvini a los que se están sumando otros aporófobos, no xenófobos, que van creciendo en todos los países y sembrando esas semillas en una Unión Europea que nada tiene que ver ya con sus orígenes, pues se creó para intentar resolver los conflictos, paralizar las discrepancias después de dos guerras mundiales desastrosas, buscando valores comunes de igualdad, solidaridad, paz y que además fueron recogidos en la Carta de los Derechos Humanos y en la propia Unión Europea. Si ahora se agudizan esas posiciones en contra de los desprotegidos es que estamos destruyendo la Unión Europea”.
-Abrimos los brazos a los millones de turistas que nos visitan pero no somos capaces de resolver el reparto que los migrantes y menores.
“España no ha sido un país xenófobo, todo lo contrario, pues la principal fuente de ingresos es el turismo, sin embargo somos un país aporófobo, pues molestan los que vienen de fuera o los que están dentro sin recursos, porque durante mucho tiempo los gitanos han sufrido el rechazo de la sociedad”.
-Incluso hay repulsa en el propio seno familiar. ¿Hay un factor humano a ese rechazo a los desfavorecidos, a la pobreza, a los refugiados, como un miedo a que nos contagien su situación, su suerte o caer en desgracia?
“Efectivamente creo que es así y está implantado en nuestro cerebro. Básicamente, las personas no podemos ni somos autosuficientes y necesitamos la ayuda de los demás para vivir bien y, de una manera espontánea, vamos a buscar a aquellos que nos puedan ayudar con dinero, conocimientos, favores, contactos, etc. Tenemos una tendencia contractual al ‘yo te doy y tu me das’, pero cuando encontramos a alguien que no nos puede dar nada interesante y si además genera un cierto descrédito, lo ignoramos. En el caso de un familiar, todos presumen de un pariente rico, famoso o muy cualificado, pero no del que está en la esquina pidiendo limosna o sin hogar. Hay que pensar si se puede dejar de lado a la gente que creemos que no nos pueden ayudar, sencillamente porque todo ser humano necesita ser atendido y tiene dignidad”.
-En contraposición a la parte biológica punible tenemos otra solidaria ¿Cómo puede coexistir esa dualidad en el ser humano?
“Es que lo interesante de los seres humanos es que no tenemos solamente esa tendencia a buscar a los que nos pueden ayudar, sino también a la de ayudar a los vulnerables. Todas están en disputa dentro de cada ser, y la solidaria es la que debemos educar, esa tendencia a no abandonar a los que no nos pueden dar nada a cambio, a socializar con los miserables, ayudarlos y respetarlos. Cada persona tiene que librar su batalla interior”.
– ¿Para que uno tenga proyectos y felicidad en la vida, otro ser humano tiene que perder sus oportunidades de aspirar a ella?
“Para nada, eso es un error de bulto. La idea de que los juegos que funcionan en este mundo sean en los que unos ganan y otros pierden es un error y eso solo pasa en el deporte. En la vida los mejores juegos son los que todos ganan, la cooperación es muy superior al conflicto. Cuando una persona coopera con otra es solidaria, genera amigos y aliados, y es mucho más inteligente tener aliados en este mundo que tener adversarios. Con aliados podrás llegar mucho más lejos y con mucha más serenidad, por eso muchas veces he dicho que hay que educar para la cooperación y no para la competición, hay que educar para trabajar conjuntamente y no tratando de pisar a otros. Esto se ha visto a lo largo de la historia en países que creen que pueden deshacerse de todos los demás”.
-¿Por qué hemos fracasado en la erradicación de la pobreza, y el beneficio de las multinacionales a costa de explotar los recursos humanos y las materias primas de países pobres?
“Estoy convencida de que mucha gente está trabajando en lo que se llama gobernanza global, intentando una especie de gobierno del mundo en el que no dominen las fuerzas económicas, pues ellas van a su estilo y nadie pone control ni las organiza de manera sostenible. Del pacto global y la responsabilidad social de las empresas, cada vez surgen más iniciativas para que la economía cambie y sea solidaria. Estamos en un momento muy interesante, pues ha descendido el nivel de la pobreza a nivel mundial, pero todavía quedan desigualdades terribles, contamos con medios para que ningún ser humano pase hambre ni frío ni sed. Hasta hace dos siglos no había estos medios, por tanto creo que es una falta de voluntad de los distintos países intentar acabar con esta lacra. Cada vez hay más líneas en la economía y de la empresa que están trabajando para acabar con la pobreza, reducir las desigualdades y eso hay que aprovecharlo”.

-Incide en la ética de los negocios y las organizaciones económicas ¿Las empresas ya han interiorizado que deben devolver parte de sus beneficios?
“Creamos en 1991 la Fundación Étnor con la idea fundamental de que para las empresas es rentable ser éticas y para una sociedad es bueno tener empresas responsables. Una empresa que funcione irresponsablemente tendrá más problemas para ser rentable a largo plazo, pues sí trabaja llevando bien a sus trabajadores, consumidores y a su entorno generará un conjunto de aliados que están dispuestos a trabajar para que le vaya cada vez mejor. Para la sociedad también es importante tener buenas empresas pues crean empleo y riqueza para la sociedad”.
-¿Ve con preocupación la desaparición de la clase media en España, lo que ha generado una precariedad importante?
“Lo peor que nos ha pasado en esta crisis ha sido el descenso de las clases medias, pues para que una sociedad sea democrática tiene que haber una clase media potente, pues unas diferencias no favorecen que todos puedan avanzar. El descenso de la clase media es deplorable y, por eso, dos de las metas del siglo XXI son la reducción de las desigualdades y de la pobreza”.
-La familia ha dejado en manos del sistema educativo su papel educador, ¿considera que es una actitud inadmisible?
“Las familias son fundamentales en la educación, aunque actualmente hay distintos modelos familiares, más o menos desestructurados, tienen que preocuparse de la educación. Cuando uno forma una familia contrae unas obligaciones y la educación en valores de los hijos debe ser inexcusable. Si alguien quiere un hijo debe hacerse cargo de él no solo económicamente sino en cuanto a los valores para que puedan ser demócratas, liberales…”.
-¿Qué papel sigue teniendo la religión en la sociedad actual?
“Hay distintos modelos de relaciones entre las religiones y la sociedad. El mundo islámico hay una estructura y una identificación estrechísima entre el Estado y la religión, en cambio en otros países sí hay una separación entre la Iglesia y el Estado, en el que el segundo se ocupa de las cuestiones políticas y la primera de las creencias. Creo que este es el modelo correcto, que haya separación entre ambos. Eso no significa que las religiones no tengan su importancia siempre que haya unos mínimos de justicia y ética cívica que todos respeten, que es la que habría que educar en los colegios. La tolerancia consiste en que hay que estar dispuesto a admitir que otras personas puedan pensar de forma diferente, siempre que sea moral y éticamente respetable”.
-¿Qué opina sobre la desobediencia civil o la objeción de conciencia ante las normas injustas?
“Creo que es importante mantener la objeción de conciencia para respetar la conciencia de los individuos y es importante la desobediencia civil que detecta qué leyes son injustas y que crea discusión, deliberación y toman medidas no violentas”.
-¿Cómo ha visto la evolución de la mujer en la sociedad, su empoderamiento y qué papel debe adoptar a partir de ahora?
“Creo que es muy prometedor. Cada vez tomamos más poder en la vida pública, en ese sentido está llegando la justicia y debemos cambiar todavía más. Precisamente por haber sido ampliamente relegadas, tenemos que tener la sensibilidad para captar a todos los seres humanos que son apartados por las desigualdades y ponernos del lado de los menos aventajados”.

-Hablando de los avances en inteligencia artificial, ¿hay un punto en el que debemos parar y pensar hacia dónde vamos?
“Los problemas éticos más importantes actualmente son los referidos a la robotización y la inteligencia artificial. La revolución digital es un mundo nuevo que hay que orientar desde el punto de vista ético, no solamente si se reducen los puestos de trabajo, sino qué va a pasar con las máquinas que pueden simular ser seres humanos y si pueden decidir a quién se le da trabajo. Lo que me inspira confianza es que hay grandes organizaciones, sobre todo en la Unión Europea y Estados Unidos, que se están tomando en serio el estudio de este tema y dan unas propuestas muy interesantes. En este contexto siempre hay dos puntos clave: no dañar la dignidad ni al ser humano, y el beneficio, pues si hay nuevos instrumentos y tecnologías que pueden beneficiar a las personas, también es un perjuicio el no hacer uso de ellas”.
-Otro debate abierto es el de la eutanasia, la muerte digna y los problemas generados por el aumento de la esperanza de vida.
“La eutanasia sigue siendo un debate de actualidad aunque en muchos países ya lo tienen instaurado. Pero considero que es más importante el debate ético sobre ayudar a morir bien a una persona, ahí están incluidos los cuidados paliativos, el acompañamiento hasta el final y dar una buena muerte. Vivir más años ha supuesto nuevos problemas como el futuro de las pensiones, las enfermedades crónicas, los centros y residencias de ancianos, pues a nadie hace dos décadas se le ocurrió que eso iba a ser una necesidad, motivado por la desestructuración familiar”.
El Senado tramita la aporofobia como “agravante penal”
Adela Cortina es una eminencia mundial en ética aplicada (bioética, ética económica, ética empresarial…), teoría de la democracia, teorías de la ciudadanía, los medios de comunicación y los derechos humanos, entre los que se sobresale la acuñación de la palabra aporofobia, que utilizó por primera vez hace más de dos décadas para denominar el rechazo hacia la pobreza y las personas sin recursos. La Real Academia de la Lengua incluyó a finales de 2017 este vocablo en su diccionario, y el pleno del Senado aprobó recientemente, con el respaldo de todos los grupos, una proposición de ley para que se incluya en el Código Penal la aporofobia -el miedo hacia la pobreza o a los pobres aunque también puede interpretarse como el odio, la repugnancia u hostilidad ante el pobre, el sin recursos o el desamparado- como una figura agravante más de la responsabilidad penal en los delitos de odio y las agresiones y discriminación a personas sin hogar acaecidas en los últimos años y como una forma de reconocer la especial vulnerabilidad de las personas sin hogar.




