
Los parterres de las Ramblas, en especial los que se sitúan en el tramo de Reyes Católicos, entre República Dominicana y su intersección con Benito Pérez Armas, lucen de un tiempo a esta parte un sobresaliente esplendor. La vegetación, bajo la copa de los laureles de Indias deleita a peatones y automovilistas con la exuberancia de las flores y el intenso verdor, sereno regalo de salud que bien merece el mayor reconocimiento a quienes lo hacen posible, los técnicos y operarios del Negociado de Parques y Jardines del Ayuntamiento santacrucero.
El otoño avanza con el desarrollo de la vistosa floración que traen las Impatiens walleriana, planta anual que en algunos lugares conocen como alegrías, y en menor medida y ocupando otras zonas de idéntica alineación, las que aportan las socorridas petunias híbridas. La excelente calidad de las plantas que han aportado los viveristas y el cuidado que han recibido ha favorecido su crecimiento. En algunos lugares las alegrías llenan y desbordan por completo su espacio, compitiendo en su exposición a la luz con las otras especies, plantas verdes de avanzado desarrollo: chefleras, hiedras, Syngonium y photos.
Santa Cruz de Tenerife ha mantenido un acertado e intenso romance con los vegetales. Los santacruceros han mostrado un gusto exquisito por las plantas, legado que sorprende de manera especial a cuantos nos visitan. Recordamos la grata impresión que Las Ramblas y su intenso arbolado causó a Jacques Cousteau en su visita a la Isla, los elogios continuados a la floresta capitalina que interrelacionaron a Camilo José Cela y Pepita Serrador, empeñados en definir los aromas que apreciaban en la ciudad, sobre todo al caer la tarde y en días de verano con la proliferación de galán de noche, jazmín, estefanotes, etc., al tratar de definirlos entre “fresa y ambrosia”, y más recientemente en la mención que ha hecho del García Sanabria el escritor Antonio Muñoz Molina.

Sucede que de un tiempo a esta parte, sin que lleguemos a detectar el origen de tal alteración neuronal, se está adueñando del ánimo de algunos vecinos la prevalencia de un virus de intolerancia a los vegetales. Dicen, los que padecen de ese mal, sentirse afectados por el desarrollo de la masa verde y reclaman sin más miramientos que se les elimine, al considerar que les interrumpe la vista, les amenaza en el paso al tropezar con las hojas, flores o frutos que caen; les preocupa la presencia de determinadas plagas o enfermedades -hormigas, moscas blancas…-, o bien por considerar que dan excesiva sombra, o por quién sabe que otro quítame allá esas pajas.
El Foro para la Defensa del Árbol, constituido recientemente en la Universidad de Sevilla, en el que participan técnicos canarios, ha recordado que el árbol urbano es un ser vivo que ofrece muchísimos beneficios para los ciudadanos: “Mejora de la calidad del aire, disminución de la temperatura en época estival, beneficia la salud física y psíquica y embellece las ciudades…”.
En su libro El futuro es vegetal, Stefano Mancuso, director del Laboratorio Internacional de Neurobiología de la Universidad de Florencia, no duda en citar las muestras de “inteligencia” que ha detectado en las plantas: “Son capaces de dirigir el clima. La circulación atmosférica de las lluvias está controlada por los bosques ecuatoriales, así que poseen uno de los motores. Con ellas podemos estabilizar el clima. Podemos reducir las emisiones de dióxido de carbono, y reforestar. Los bosques nos ofrecen la única manera de reducir las emisiones de gases contaminantes”.

La Unión Europea contempla en el marco Europa 2020 potenciar la llamada infraestructura verde, en contraposición a la infraestructura gris. La considera una herramienta de eficacia probada “que aporta beneficios ecológicos, económicos y sociales mediante soluciones naturales”.
Los arboles necesitan espacio y cuidados, y no siempre esos requerimientos son debidamente entendidos y atendidos en el diseño urbanístico. Hay que aceptar también que envejecen, que enferman y que su vida tiene fin. Están a nuestro lado, muchos nacieron antes que nosotros y seguirán después de que no estemos aquí.





