
Es un isleño más afectado por la falta de vivienda, un drama social que golpea hoy a los canarios con tanta intensidad o más que la precariedad laboral. Lleva años de lucha para defender el techo que alberga a su familia y la mantiene unida. Enseña el rostro humano de la okupación de inmuebles abandonados en una Isla donde se cuentan por miles las viviendas deshabitadas. Ahora, Ehedey Miguel (Santa Cruz de La Palma, 1991) sabe que, al terminar estas Navidades, un juzgado le pondrá fecha al desahucio de su familia, compuesta por su pareja y dos hijos de ella menores de edad. Ante semejante panorama, responde que es lo de siempre, que solo queda levantarse y seguir luchando.
-¿Cuánto tiempo lleva su familia en esta situación?
“Llevamos así seis años”.
-¿Cómo se convive con eso?
“Es duro. Son seis años de lucha”.
-¿Por qué entraron en un piso en el número 7 de la calle México, en Taco?
“Hay muchas familias que entraron a vivir allí, y cada una es un caso distinto. Por lo que respecta a nosotros, surge por un impago de una hipoteca que se produce tras el fallecimiento de un familiar, y la heredera directa era una persona mayor, sordomuda y sin mucha formación, así que no se enteró de esa hipoteca hasta que le comunicaron que la desahuciaban. Eran 180.000 euros, de lo que no se hace cargo cualquiera”.
-¿Se había acumulado la deuda sin saberlo?
“Prácticamente, la hipoteca entera, por no entrar en detalles”.
-Entonces entran en el edificio, que estaba totalmente abandonado.
“Sí. Entonces los tres hijos de mi pareja eran menores de edad, pero el mayor ya no. Realmente allí nunca hubo un vecino propietario ni nada parecido, porque se quedó como en un limbo judicial. No se vendió en su momento, falleció el propietario y el banco no podía reclamarlo. Antes de que nosotros entrásemos en los pisos habían desvalijado el edificio. Incluso se quemaron algunas plantas. No había ni ventanas, nada”.
– ¿Cómo se ganan la vida?
“Lo que va saliendo, lo va cogiendo uno. A ver si puedo como autónomo, pero es complicado por los impuestos y demás. Mi pareja trabaja a tiempo parcial en un restaurante”.
-Poco a poco, las familias que viven allí han logrado mejorar sus condiciones. Incluso, hace dos años consiguieron que el Ayuntamiento les pusiera el agua.
“Sí. Unos se fueron y otros entraron. Llegamos a ser 16 familias, pero ahora somos cinco”.
-¿Es verdad que les han negado ayudas?
“A unos vecinos que se acercaron a los servicios sociales de Taco les comentaron que de nuestro caso se ocupaban otras personas, y que allí no teníamos posibilidades de conseguir ayudas y subvenciones. Que, en todo caso, teníamos que subir a La Laguna y hablar con sus superiores”.
-¿Y en La Laguna? Hace unos días se reunieron con la concejala de Bienestar Social, Flora Marrero.
“Sí, en el Ayuntamiento hemos estado muchas veces, pero nunca sacamos nada en claro. Unas veces han sido ambiguos, otras nos han dado negativas o nos han ofrecido unas soluciones que no lo son en realidad, como puede ser separar a las familias, las mujeres y los niños a una casa de acogida, pero los hombres a buscarse la vida. Y eso no lo aceptamos, porque queremos seguir unidos, claro. No creo que quien propone eso se dé cuenta de lo que supone”.
-La sentencia de su desahucio es firme y en enero se fijará la fecha. ¿Qué opciones les quedan?
“La única solución que nos queda si se produce el desahucio es buscar otro sitio donde meternos”.
-No son pocos quienes siguen asociando la okupación de inmuebles abandonados con la marginalidad, de forma peyorativa, sin recabar en que para muchos no hay otra opción.
“Muchas personas tienen la visión del okupa como si todo fueran hippies, una comuna, grafitis, drogas… Un desmadre. Pero hoy en día no tiene nada que ver”.
-Ustedes comprenden que el propietario tiene su derecho.
“Totalmente. Nosotros comprendemos el hecho de que ahí no podemos quedarnos, ya sea por el dinero que haya que invertir, dado que no tiene cédula de habitabilidad. Y por otro lado, el propietario querrá recuperar la deuda que le hayan dejado. En ningún momento hemos pedido quedarnos en el edificio. El Ayuntamiento nos dijo que habían negociado con el banco para conseguir que destinaran algo para alquileres sociales, pero se quedó en nada. En ese sentido, nosotros creemos que debe ser el Ayuntamiento el que nos ayude, no el banco”.
-¿Cómo se soporta una presión como la que ustedes van a vivir estas fiestas?
“Calculamos que como mucho estaremos mes y medio. Lo que haces es intentar llevarlo lo mejor posible, más que nada por los chicos, para que no lo vivan como lo tiene que vivir uno. Con la edad que tengo, soy yo el que tiene que buscar las soluciones y ellos mejor que se centren en sus estudios en vez de estar pensando qué pasará mañana. Eso lo tenemos que hacer la madre y yo”.
-Sigue en la lucha.
“Es que no queda otra”.
-¿Por qué le molestó oír al alcalde diciendo en una radio que no recordaba su caso?
“Me sorprendió bastante porque hasta hemos estado en un pleno hace dos años, cuando al final nos pusieron el agua”.





