el charco hondo

El amigo imaginario (1)

Es de sobra conocido que los niños tienen, o han tenido alguna vez, un amigo imaginario, compañía que a esas edades adquiere realidad, de ahí que conversen o jueguen con ellos. A veces el amigo imaginario se materializa, y lo hace ocupando objetos que no son ficticios, como peluches, muñecos y amuletos. Algunos estudios vinculan […]

Es de sobra conocido que los niños tienen, o han tenido alguna vez, un amigo imaginario, compañía que a esas edades adquiere realidad, de ahí que conversen o jueguen con ellos. A veces el amigo imaginario se materializa, y lo hace ocupando objetos que no son ficticios, como peluches, muñecos y amuletos. Algunos estudios vinculan la aparición de ese amigo imaginario a la soledad del niño, a esa percepción de cierto aislamiento o abandono que invade al chiquillo, tanto si es hijo único como si tiene una legión de hermanos revoloteándole pero sin cubrir ese hueco. Los psicólogos se detienen en diferentes variables, en perfiles no necesariamente coincidentes, pero siempre con la edad (de dos a siete u ocho años) como elemento común. Por eso sorprende, y mucho, la creciente sensación de que Pedro Sánchez, con cuarenta y seis años, tiene un amigo imaginario. Y no uno cualquiera, no, el amigo imaginario de Sánchez no es bombero, futbolista, antropólogo o explorador, el suyo, el de Sánchez, es presidente del Gobierno de España. Inicialmente, el hábito de hablar de sí mismo en tercera persona encajaba en la necesidad de reivindicarse como presidente, urgencia comprensible en alguien que llegó a medianoche, cuando no se le esperaba. Pueden también explicarse esas alusiones suyas al presidente atendiendo al modo-JFK en que lo tiene su gurú, Iván Redondo (qué bien empezó, pero qué mal lo continuó). O, ya metidos en harina, cabe incluso concluir, atendiendo a algunas investigaciones sobre el uso de la tercera persona para referirse a uno mismo, que Sánchez busca ese recurso porque lo ayuda a distanciarse de sus malos momentos psicológicos, y a sobrellevar mejor el estrés. Claro que, escuchándolo, puede que la respuesta sea bastante más simple, y que todo se reduzca a que Pedro Sánchez tiene un amigo imaginario, punto, al que atribuye la condición de presidente del Gobierno de España, y que, siendo así, sea ese amigo imaginario, al que constantemente cita en sus comparecencias públicas, y no Sánchez, quien esté yendo contra sus propios actos, fijando posiciones que entran con frecuencia en contradicción con los ministros y saltándose el compromiso de convocar elecciones en otoño, ese que tiene a su partido empezando a desfallecer en los sondeos y comenzando a no reconocerse.