Cuando se va al centro de salud correspondiente porque el cuerpo no está con fundamento o bastante quebradizo, en más ocasiones de las deseadas, el médico de turno, cuando no tiene claro el diagnóstico, generalmente sentencia la frase temida por todos “hay un virus que anda”. A continuación viene el remedio esperado de antemano y bastante conocido: “Tome mucha agua y paracetamol”. Aquí no vamos a tratar de ese organismo de estructura sencilla, compuesto de proteínas y ácidos nucleicos, capaz de reproducirse solo en el seno de células vivas específicas, utilizando su metabolismo.
Nos vamos a referir al virus personalizado, como veneno o toxina, que anda en Tenerife en el ámbito político, con repercusiones ciertas o negativas en la economía, en la sociedad y también en el desprestigio de alguna Institución Insular. Llevamos unos años sufriendo ese virus, que está deteriorando continuamente la convivencia, generando malestar insistentemente por doquier, así como enfrentamientos con todos y contra todo. La gobernanza de la cosa pública necesita serenidad que lleve a la solución equilibrada de los asuntos problemáticos, diálogo suficiente para buscar acuerdos, consenso básico donde dilucidar las discrepancias. Estas exigencias estructurales están afectadas e infectadas por la presencia del citado virus. Su actividad pública es pura representación teatral; ruedas de prensa a todas horas, todos los días, todos los meses, pérdida de tiempo constante; presentación de proyectos que se quedan en eso, en puros proyectos que después no se realizan; promesas que se incumplen sistemáticamente; fotografías colocando la primera piedra que es la única que se pone en la obra correspondiente; anuncios de las mismas licitaciones que se repiten una y otra vez con el mayor descaro; proclamas salariales e invectivas demagógicas contra los empresarios, cuando, por otro lado, se goza de un sueldo superior al de políticos con responsabilidad estatal; en fin, un despropósito continuado y enfermizo que está llevando a la isla a un colapso económico y social.
Este virus toma como escenario de su desarrollo la utilización arbitraria del dinero público, en un reparto más que discutible o efectivo. Como buen microorganismo, todos los días anuncia, aquí y acullá, inversiones millonarias que deslumbran a cualquier espectador. De esa manera se piensa ganar fidelidades o, lo que es más grave, para el funcionamiento democrático de la sociedad, conseguir silencios cómplices de personas, instituciones, organizaciones y entidades varias, para que no puedan afear su actividad pública errática. Aunque la experiencia demuestra que los que se dejan comprar, se venden al mejor postor, pues no conocen lo que significa y exige la lealtad. Una comunidad subvencionada es la liquidación de la sociedad civil, el enmudecimiento reivindicativo, la pérdida de dignidad personal en muchos casos y, como no podía ser de otra manera, una sociedad secuestrada por un agente potencialmente patógeno, que inyecta la enfermedad del estómago agradecido. Pero el sistema inmunológico de la propia sociedad combate eficazmente a estos virus perniciosos con antibióticos de última generación, basados en la reprobación cuando sea necesaria, la reivindicación razonada o el descubrimiento de los silencios sonoros. Además, en Tenerife, es conveniente abrir las ventanas de la transparencia, para renovar el aire asfixiante que envuelve el ambiente ante el miedo a las represalias y al quedarse sin la subvención prometida. No se puede olvidar la recurrente recomendación de lavar las manos, para remover el virus y no contaminar a otras personas. En fin, sabiendo el diagnóstico, que es muy conocido y sufrido, hay que poner en marcha las medidas necesarias para curar este virus que anda fastidiando, por no decir otra palabra más gráfica, a una isla que se encuentra colapsada, desvertebrada y caótica. No hay cura milagrosa, el primer paso es reconocer que hay un problema, y eso lo sabemos sobradamente, lo que significa que este virus es curable, sólo hay que extirparlo por la salubridad general.
*Politólogo

