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Atrapados en la Red: el impacto de las redes sociales en nuestra imagen y emociones

A diario navegamos en un océano de post, tuits, historias, estados, etc. que inundan nuestros sentidos de comentarios, ideas, imágenes, vídeos y citas inspiradoras

Por Priscila González

La influencia y protagonismo de las redes sociales en la vida de un creciente número de personas es innegable. A diario navegamos en un océano de post, tuits, historias, estados, etc. que inundan nuestros sentidos de comentarios, ideas, imágenes, vídeos y citas inspiradoras. Aunque tal vez nos cueste admitirlo, nos encanta hablar sobre nosotros mismos, expresar nuestros estados de ánimo, experiencias y opiniones. En la interacción directa lo hacemos en el 30-40% del tiempo, pero se dispara hasta llegar al 80% cuando lo hacemos a través de redes sociales como Facebook, Twitter o Instagram.

El efecto de la dopamina

Así lo demuestran las psicólogas de Harvard D. I. Tamir y J. P. Mitchell, al constatar que cuando compartimos con los demás nuestros pensamientos, sentimientos, necesidades o deseos aumenta la actividad en las regiones del cerebro que generan dopamina, la popular hormona de la felicidad. Esta es la parte de nuestro cerebro que disfruta con la comida, el sexo e incluso las drogas. ¿Te sorprende? Simplemente realiza un experimento tú mismo. Por un día o unas horas trata solo de mostrar interés sincero por lo que dicen los demás, permite que te cuenten sobre ellos, escúchales, hazles sentir protagonistas de la conversación. Cuando las personas se sienten el centro de interés se genera una sensación de placer, es pura química positiva para nuestro cerebro, colocándonos en una privilegiada posición de confianza e influencia frente a nuestro interlocutor. Esta tendencia del ser humano a transmitir información personal es natural, e incluso saludable, ya que forma parte de nuestra naturaleza social y responde a nuestra estrategia para establecer vínculos con otras personas y generar confianza en nuestras relaciones.

 

Imagen y credibilidad

Si bien es cierto que hay personas más o menos propensas a la divulgación personal, el uso de esta herramienta en exceso puede derivar en una verdadera adicción sin percibir las amenazas que pueden existir, o sin valorar la imagen personal o profesional que proyectamos. Por un lado, podemos caer en la tentación de excedernos en la narrativa del yo positivo al tratar de transmitir una imagen de falsa perfección carente de defectos o debilidades, cuando en realidad esto puede disminuir nuestra credibilidad frente a los demás. Las redes sociales están colmadas de auténticos expertos en el arte de la simulación de vidas felices, algo que en realidad supone un consumo de tiempo y energía que nos lleva a comunicar una imagen forzada de nosotros mismos.

Por otro lado, la autorrevelación en redes sociales nos convierte en un escaparate al mundo, algo de lo que los profesionales en recursos humanos hacen buen uso, incorporando entre sus herramientas de selección de personal el rastreo de los perfiles sociales para optimizar la elección del candidato ideal, lo que nos puede beneficiar o perjudicar dependiendo del tipo de perfil que proyectemos públicamente. Internet es un punto de encuentro crucial entre empresas y candidatos teniendo en cuenta que, según el último Informe Infoempleo Adecco sobre Redes Sociales y Mercado de Trabajo, más del 90% de las personas en búsqueda activa de empleo utilizan portales de empleo online y 9 de cada 10 empresas hacen uso de este medio para reclutar talento.

Las primeras impresiones

Teniendo en cuenta que nuestros perfiles sociales se han convertido en una herramienta de evaluación no solo a nivel profesional, sino también en el terreno personal, resulta esencial tomar consciencia de la importancia de las primeras impresiones que causamos también en este medio. El estudio de J. Willis y A. Todorov, profesores de la Universidad de Princeton, reveló que formamos impresiones sobre las personas en una décima de segundo tan solo observando el rostro en una fotografía, ya que a través de las expresiones faciales transmitimos una gran cantidad de contenido emocional a nuestros observadores. Por lo que únicamente unos pocos segundos pueden influir de manera decisiva en otra persona a la hora de seguirte, prestar atención a tus contenidos, visitar tu web, solicitar tus servicios, contratarte o simplemente relacionarse contigo.

Cada vez se hace más necesario tomar consciencia y reflexionar sobre los cambios vertiginosos que se están produciendo en la forma de comunicarnos. Cambios rápidos y trascendentes que ponen a prueba nuestra capacidad de adaptación y nuestra habilidad para transformar los retos en oportunidades. Construir perfiles sociales adaptados a nuestros objetivos personales y profesionales, cuidar la imagen que proyectamos a través de fotos de perfil y estados, prestar atención a nuestra apariencia, posturas, gestos, emoticonos, colores y contenido pueden suponer un punto de inflexión en el camino hacia el logro de nuestras metas.

@institutoserbrillante
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