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Carmelo González, nuestro hombre en La Habana

Fallecido recientemente, el que fue presidente de la Asociación Canaria de Cuba Leonor Pérez Cabrera ocupó esa labor desde el inicio de los años 90 de la pasada centuria
Carmelo González nació en el año 1933, en el barrio de Las Rehoyas, en la capital grancanaria. DA
Carmelo González nació en el año 1933, en el barrio de Las Rehoyas, en la capital grancanaria. DA
Carmelo González nació en el año 1933, en el barrio de Las Rehoyas, en la capital grancanaria. DA

La Asociación Canaria de Cuba Leonor Pérez Cabrera asiste al inicio de un nuevo ciclo tras el reciente fallecimiento de su presidente Carmelo González Acosta, nuestro hombre en La Habana, quien vino desempeñando esa función desde la inauguración de esa entidad, al inicio de los años noventa del pasado siglo.

Carmelo González nació en 1933 en el barrio de Las Rehoyas de la capital grancanaria y con 17 años, inmerso en el periodo de posguerra española y con la acentuada deriva de crisis económica que se vivía en el Archipiélago, acompañó a su padre y hermano en la apuesta migratoria hacia Cuba, que, recordaba, le hizo sentir “como alistado de la última hornada de isleños que marchamos hacia la otra parte de esta misma tierra, hacia la isla grande del Caribe”.

La huella canaria en Cuba, intensa durante siglos, se vio afectada por el cambio de régimen que se produjo en uno y otro espacio. Como pilar de referencia permanecía vivo en el recuerdo la labor que prestó a la colonia isleña la Quinta Canaria, centro de asistencia sociosanitaria que surgió por iniciativa de la misma colectividad, y las asociaciones y delegaciones que se establecieron en las diferentes provincias. Los canarios, vinculados mayoritariamente a la economía rural, destacaron por su honestidad y carácter laborioso, si bien no pudieron llegar a la relevancia que para sí obtuvieron los gallegos o asturianos, de prestancia comercial y mayor poderío económico, de ahí su reconocido privilegio en la capital cubana.

A partir de 1959, las relaciones entre Canarias y Cuba se ven directamente unidas al proceso migratorio que sujeto a serias dificultades va a incrementar la diáspora. Las muestras de apoyo y solidaridad no cesan y será en los años setenta cuando se constituye en el Archipiélago la Asociación de Amistad Canario Cubana José Martí, que parte del decidido impulso humanista que ininterrumpidamente venía manteniendo el orotavense Francisco González Casanova. La entidad supo vencer los obstáculos del momento, en los que no se ocultaban premisas de reticencias, estableciendo un puente de relaciones ejemplar a través del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos, ICAP, dirigido entonces por René Rodríguez. La Asociación José Martí alcanzó su legalización en 1976, inaugurando al siguiente año el monumento a la tinerfeña Leonor Pérez Cabrera, madre de José Martí, obra del escultor Fernando García Ramos, y la entrega del bajo relieve de esa misma obra al museo martiano cito en la habanera calle de Paula.

Los resultados de la actividad económica emprendida en Cuba aconsejan el retorno de su padre a Las Palmas y Carmelo queda al cuidado de su hermano Pedro, compaginando estudios y trabajo. Había iniciado su formación en Las Palmas, que pudo culminar con los estudios de bachillerato en el Cabrera Pinto de La Laguna. En esos años su padre contaba con vivienda y finca en el Camino de La Hornera. Entre las referencias inmediatas que Carmelo González evocaba de sus primeros años habaneros figuraba su primer trabajo como ayudante en una carpintería y el apoyo que recibió de su jefe y compañeros para que pudiera continuar los estudios de contador público y periodismo. Trabaja luego en la administración de la firma Fernández y Compañía y en los años sesenta se incorpora a la empresa Cubana de Importación, pasando luego a la dirección del Ministerio de Comercio, que se ocupa de la compra de vehículos de transporte, lo que le lleva a visitar más de una treintena de países.

PAPEL DE ‘EMBAJADOR’ DE LAS ISLAS EN CUBA

A partir de los años 90, Carmelo González se convierte en nuestro hombre en La Habana. Asume a los efectos el papel de embajador, portavoz y figura de referencia para atender a los 50.000 canarios y descendientes de canarios que la Viceconsejería de Relaciones Institucionales del Gobierno de Canarias tiene censados y a los que presta atención directa. Su trayectoria poco tendrá que ver con la de James, el protagonista de la célebre novela de Graham Greene, si bien avanzará como aquel en pos de metas aparentemente imposibles.

Inicia y mantiene diferentes gestiones para alcanzar el establecimiento de la sede de la Asociación, que se materializa en el inmueble que a los efectos cede el Gobierno cubano, con la directa intervención del vicepresidente del Consejo de Ministros José Ramón Fernández (el gallego Fernández), también recientemente fallecido. Ocupan por ello la antigua sede del Colegio de Ingenieros, en el centro histórico de la capital, en la calle Monserrate, frente al modernista edificio Bacardí.
El pasado julio, Carmelo visitó Canarias. Traía su habitual agenda, plena de gestiones. Respondía a la cita que al menos dos veces al año tenía fijada para resolver los innumerables temas, contemplando preferentemente la situación de los canarios que demandaban atención de urgencia y el apoyo a gestiones de carácter cultural y empresarial.

MEDALLA DE ORO DE CANARIAS

En 2006 recibió la Medalla de Oro de Canarias y estaba en posesión de otras muchas distinciones, entre ellas la que le concedió el Gobierno cubano por su contribución al desarrollo del deporte, reconociendo su labor como jugador y cronista de fútbol en Cuba, actividad que había iniciado en Las Palmas jugando en el Apolinario y siguiendo con inquebrantable fidelidad a la Unión Deportiva. En los últimos años había establecido en la Asociación un servicio de fisioterapia con el que se presta asistencia a los mayores, contando con una guagua que recibió desde Canarias y que les trasladaba desde su domicilio. También había impulsado el grupo Renacer, de rescate de las tradiciones, y la creación de un club juvenil para dar continuidad a la labor emprendida.

Tanto en La Habana como en Canarias, en la Dirección General de Emigración, no han cesado las llamadas y muestras de pesar. Raquel (María Jesús) Albertos, secretaria del director general José Téllez, que ha ocupado ese cargo con la práctica totalidad de cuantos han sido designados para el desempeño de esa función, lo recuerda con el afecto de la amistad forjada al paso de los años: “Coincido en que fue nuestro hombre en La Habana; un ser excepcional. Trabajó incansablemente por que la huella canaria no se apagara, y la ha sabido avivar con fuerza. Desde aquí hemos trasladado el pésame a sus hijos Fernando y Pedro Julio, y por igual a Nury, su secretaria en la Asociación, para que lo haga llegar a todos los socios y compañeros”.

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