En la frontera

Entendimiento y diferencia

La vida democrática, tal y como la comprendemos, parte de la concepción del ciudadano como persona, como ser racional libre que desde su propia condición analiza y juzga los asuntos públicos, genera proyectos colectivos para la comunidad y establece líneas de acción para ejecutarlos. Desde su propia condición significa que es la razón humana, no ...read more →

La vida democrática, tal y como la comprendemos, parte de la concepción del ciudadano como persona, como ser racional libre que desde su propia condición analiza y juzga los asuntos públicos, genera proyectos colectivos para la comunidad y establece líneas de acción para ejecutarlos.

Desde su propia condición significa que es la razón humana, no la razón pura, la que dictamina. La razón humana refiere a una razón afectada por las circunstancias propias, de sensibilidad, de familia, de tradición, de formación, de biografía,… Se abre así el panorama de diversidad personal mucho más rico, abundante y lleno que la mera diversidad biológica, porque en el “ecosistema social” no son las especies lo que interesan sino cada individuo singularizado, cada persona, porque cada persona es un mundo.

Siendo el sujeto individual el centro de la acción política, la diversidad de opciones está garantizada, ¿Supone el método del entendimiento la anulación o superación de las divergencias?. En absoluto, buscar el entendimiento no es jugar con las estrategias o desnaturalizar los objetivos.

El método del entendimiento trae consigo, de la mano, el ocaso de una ficción y la denuncia de una abdicación. Supone que la confrontación no es lo sustantivo del procedimiento democrático, ese lugar le corresponde al diálogo. La confrontación es un momento del diálogo, como el consenso, la transacción, el acuerdo, la negociación, el pacto o la refutación. Todos son pasajes, circunstancias, de un fluido que tiene como meta de su discurso el bien social, que es el bien de la gente, de las personas, de los individuos de carne y hueso. Que importante es el diálogo y que poco se practica, que poco.

A la habilidad, a la perspicacia, a la sabiduría, y a la prudencia política les corresponde la regulación de los ritmos e intensidades de ese proceso, pero queda como coordenada la necesidad de entendimiento -decir, explicar, aclarar, razonar, convencer…-, el carácter irrenunciable de este método, si es que queremos hacer una política de sustancia democrática.

Pienso que por desgracia no es siempre cierto el dicho de que dos no pelean si uno no quiere, lo que no tiene duda es que basta que uno no quiera para que dos no puedan hablarse. Precisamente por ello nuestra puerta ha de estar siempre abierta y la mano tendida. Algo que hoy, a causa del odio y resentimiento propio de el pensamiento maniqueo y cainita, brilla por su presencia.