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Hasta 13 testimonios acusan a Millán de abusos sexuales a menores

Tras los dos denunciantes, que ya testificaron ayer, otros once testigos aseguran haber sufrido unas vejaciones sexuales que el exentrenador niega y que, en todo caso, han prescrito
El encausado, Miguel Ángel Millán, durante la primera jornada del juicio, ayer en Santa Cruz de Tenerife. Fran Pallero

Son 13 relatos, muy similares entre ellos en el modus operandi, por mucho que los casos canarios sean más escabrosos que los procedentes de Alhama (Murcia). Solo dos de ellos son juzgados desde ayer en la Sección Segunda de la Audiencia Provincial de Santa Cruz de Tenerife, dado que los demás han prescrito, pero en todos se describe a Miguel Ángel Millán, ex seleccionador nacional de atletismo para las llamadas pruebas combinadas, como (siempre presunto hasta que decida la Justicia) un abusador sexual cuyas víctimas, indefectiblemente, eran varones que tenían entre 13 y 16 años de edad.

Ayer ya declararon los dos denunciantes, dos jóvenes tinerfeños que acudieron hace dos años a una comisaría y al juzgado, respectivamente, para narrar una serie de excesos sexuales. En los próximos días declararán los otros once en calidad de testigos, todos a puerta cerrada.

Pero antes de que se vetara la entrada de la prensa a la Sala 6 del Palacio de Justicia santacrucero, que acoge tan mediática vista oral, Miguel Ángel Millán ya tuvo que escuchar los relatos de sus presuntas fechorías como acusado de esos dos delitos de abusos sexuales denunciados por dos jóvenes.

Millán, que lleva cerca de dos años en prisión provisional por estos hechos, lo hizo cabizbajo, pero sin inmutarse. Luego, cuando el presidente de la Sección Segunda de la Audiencia Provincial de Santa Cruz de Tenerife, Joaquín Astor Landete, le preguntó si asumía los hechos formulados por la acusación pública y la particular, la otrora leyenda del atletismo patrio, el entrenador que forjó la medalla de plata en decatlón que se colgó al cuello Antonio Peñalver en Barcelona 92, el encausado musitó a media voz que no.

Ahora espera lo que, sin duda, será un auténtico calvario para Millán, que siempre supo rodearse de la aureola propia de un reconocido hacedor de titanes. Se espera que sean seis jornadas más las que se prolongue el juicio, todas, como se ha dicho, a puerta cerrada, como solicitó (y le fue aceptado) la acusación particular, ejercida por el letrado tinerfeño Pedro Revilla y que lo hace en nombre de los denunciantes.

Pero no por la ausencia de los medios en la Sala será más leve el proceso para Millán. Ayer mismo tuvo que escuchar, de los labios del fiscal Carlos Eguiluz, las presuntas prácticas sexuales a las que supuestamente sometió a los chicos aprovechando su prevalencia como leyenda deportiva. De la gravedad de los mismos basta con recordar que la Fiscalía solicita 12 años de cárcel, mientras que la acusación particular pide 21 años. Por su parte, la defensa reclama la absolución de su defendido.

Cabe reseñar, a este respecto, que el abogado de Millán argumentó ayer una indefensión de su cliente durante la fase de instrucción que fue rechazada por el tribunal, a cuyo frente se encuentra, como se ha dicho, Joaquín Astor Landete, también presidente de la Audiencia Provincial tinerfeña.

Ayer por la mañana apenas se pudo asistir al posicionamiento de las partes, pero cuando se cierren las puertas a la prensa empezará la práctica de la prueba y, con ella, la sucesión de relatos que describen a Millán como un presunto depravado sexual. Además de los denunciantes, ahora llega el turno de los otros once casos, tres de ellos radicados igualmente en Canarias y el resto procedente de su etapa murciana, comunidad de la que es natural Millán, concretamente de Lorca.

Lo que nos cuentan es, en esencia, lo mismo, un modus operandi. Las víctimas tenían entre 12 y 16 años cuando ocurrieron los supuestos abusos, sea en Murcia hace 30 años, sea en Fuerteventura hace 12, sea en Gran Canaria o en Arona aprovechando una competición, sea en el apartamento que Millán se compró en el Porís de Abona. Siempre aprovechando su autoridad moral, su prestigio; siempre castigando con la marginación a quienes no cedían o querían acabar con los abusos, según relatan las acusaciones.

Será mañana jueves cuando Millán tenga enfrente a su mejor obra deportiva, al ya citado Antonio Peñalver, quien repetirá lo que adelantó en su día DIARIO DE AVISOS y que contó un domingo en una comisaría de la Policía Nacional en Murcia: lo que realmente piensa de él, lo que sufrió y no se atrevió a denunciar hasta que supo sobre las denuncias en Tenerife.

Como también será mañana cuando el expresidente de la Federación Española de Atletismo José María Odriozola tendrá que explicar cómo, sabiendo lo que había pasado en Alhama (Murcia) hace 30 años, no impidió que Millán volviera a entrenar en Tenerife.

De esa época se sabe que Odriozola primero aceptó la decisión alcanzada en Alhama de expulsar de allí a quien lo había sido todo en este rincón de la piel de toro, para luego desterrarlo a Extremadura y, con el paso del tiempo, acabó en Tenerife junto a su familia, hoy destrozada por unos hechos de los que nunca tuvo conocimiento hasta las dos denuncias presentadas en Tenerife.

A este respecto, hay que resaltar que la Federación Española de Atletismo está personada en este proceso, por cuanto se le exige una responsabilidad civil en caso de condena. El letrado que representa sus intereses negó ayer que Millán tuviera relación laboral estable desde 1992 y solo ha prestado “colaboraciones esporádicas” mediante 15 contratos mercantiles de 30 días a lo largo de 14 años.

Además de las penas de cárcel, la fiscalía pide otros 14 años adicionales de libertad vigilada, la inhabilitación profesional, la participación en programas de educación sexual e indemnizaciones de 12.000 y 10.000 euros para las víctimas, que la acusación particular eleva a 30.000 euros a cada una ellas y 10 años de libertad vigilada tras cumplir la condena.

 

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