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Las acusaciones acorralan a dos de los acusados por el asesinato de Toledo

Mientras la presunta 'cerebro' del crimen, Sandra, incurrió en constantes contradicciones, la versión de Alexander presenta algunas lagunas importantes
A la derecha, los tres encausados junto a los letrados personados en la causa, cuya vista oral se celebra en la Audiencia Provincial. Fran Pallero

 

Mal día para Sandra P. R., a quien las cuatro acusaciones presentes en el juicio por la violenta muerte del empresario tinerfeño Raimundo Toledo consideran el cerebro que, presuntamente, urdió una trama a resultas de la cual mataron a palos y quemaron el cadáver del infortunado hombre de negocios isleño, conocido por ser el dueño de la gasolinera Tgas en El Médano.

Escasamente preparada para mantener la batería de interrogantes a la que fue sometida, Sandra dejó una pésima impresión entre los miembros del jurado popular que en la mañana de ayer asistieron, atónitos, a como la encausada llegó a decir que “no le hice caso al tema” cuando notó que había desaparecido la pistola de aire comprimido que ella compró y que luego fue utilizada, como defiende la instrucción, para secuestrar a Toledo el día en que fue asesinado.

Tampoco se aclaraba Sandra sobre si sabía de la existencia o no del terreno de La Jurada que, según la Fiscalía, pretendía vender su pareja (Carlos, un sobrino de la víctima adicto a los estupefacientes) y sobre el que tenía un 33% de su propiedad, al igual que la gasolinera. Toledo se negaba a facilitar la venta, temeroso de que ese dinero alimentase la dependencia de su sobrino a las drogas, y regalaba un salario a su pariente en contraprestación, que recogía la propia Sandra.

Precisamente, la encausada sostuvo que compró la pistola para ir a cazar perdices con su pareja “porque así no se estaba metiendo drogas”.

Huidiza en todo momento a la hora de precisar las fechas, la acusada tampoco supo responder sobre otras cuestiones que pueden ser determinantes en un juicio que se prolongará hasta la semana que viene, y en el que se pide 31 años de cárcel para cada uno de los tres encausados, ya que Alexander R. R. (amante de Sandra) y Diego C. G. G., ambos considerados los autores materiales del secuestro y asesinato de Toledo, conforman el trío que se sienta desde el lunes en el banquillo de los acusados.

Donde sí lo tuvo claro Sandra fue en su defensa de mantener la custodia del hijo que tiene con Carlos, a pesar de que se encuentra en prisión provisional desde que tuvieron lugar los hechos (diciembre de 2015).

Precisamente, tras Sandra llegó el turno de Alexander, quien, a pesar de mostrar una argumentación algo más sólida que Sandra, también sufrió durante las preguntas del fiscal, que llegó a acorralarle en el caso de los teléfonos móviles, dado que el acusado negaba haber tenido más de uno cuando hay testimonios de que, en realidad, contrató otras líneas que luego jugaron su papel en los terribles hechos que se sucedieron después.

Tampoco pudo este encausado dar una explicación razonable sobre su posible presencia en el lugar donde apareció el cadáver calcinado de la víctima.

Resta recordar que las acusaciones consideran probado, grosso modo, que Sandra ideó un plan para eliminar a Raimundo Toledo y así beneficiarse de la venta de las propiedades de su pareja, para lo cual utilizó a su amante, Alexander, y a un tercero, Diego Claudio, quienes presuntamente secuestraron a la víctima en Santa Cruz para luego matarla a golpes.

La declaración de Diego Claudio, sin duda clave, tiene lugar hoy miércoles

Hoy miércoles se celebra la tercera sesión del juicio que se sigue en la Audiencia Provincial a cuenta de la violenta muerte de Raimundo Toledo. En el inicio continuará el interrogatorio del fiscal a Alexander, para posteriormente llegar al de Diego Claudio, también acusado, pero el único de los tres que reconoce alguna participación en el crimen. Durante la instrucción, este argentino explicó que ayudó al secuestro de Toledo convencido de que iba a cobrar una deuda, pero que nada supo de cuándo se consumó el asesinato. Sin duda, su testimonio se antoja clave

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