el charco hondo

Las desgracias de otros

Duele el dolor de sus padres, desgarra la soledad en la que el niño sintió a oscuras sus últimos días, emociona el valor y compromiso de quienes han protagonizado el rescate, y avergüenza que llamen periodismo al circo que algunos levantaron en el pueblo, o que se digan periodistas quienes, esperándose que los rescatadores llegarían al cuerpo del niño a las nueve o diez de la noche, con ese gancho (gancho, sí) improvisaron programas especiales en horario de máxima audiencia. Esa guinda (guinda, sí) se les escapó (se les escapó, sí). Julen se las negó, esperó a que trapecistas, domadores, payasos y equilibristas apagaran las luces del prime time. El niño se dejó encontrar cuando los consumidores de tragedias ajenas se habían ido a dormir, ni un minuto antes. Julen apareció cuando solo estaban despiertos quienes lo conocieron y los profesionales que, exhaustos, intentaron el imposible de llegar un minuto antes de apagarse definitivamente. Descansa, Julen, y dejen a los padres en paz, déjenlos, permítanles al menos sobrevivirlo lejos del ruido de la feria periodística (feria, sí). Periodismo es otra cosa. No llamen seguimiento informativo a horas de puto espectáculo (puto, sí), de pura industria del entretenimiento, solo eso. Si de periodismo hablamos, el viernes bastaba con contar la última hora en los informativos de la noche, o en su caso con interrumpir la programación para explicar en un avance de apenas unos minutos que se había llegado, por fin, al cadáver del chiquillo. Si de periodismo hablamos, bastaba con eso. Todo lo que no fue eso fue captar espectadores sedientos de entertainment. Quienes consumen ese tipo de productos televisivos deben saber, si es que aún lo desconocen, que los cazadores de audiencias juegan con los sentimientos contradictorios que a veces generan algunos sucesos, en esa línea donde se abrazan la solidaridad, la conmoción y algo que da rubor catalogar, ese inconfesable vicio de asistir a las desgracias de otros sentados en el sofá del menos mal que no me pasó a mí. ¿Qué les hizo esperar durante horas para vivir en directo la aparición del niño?, ¿qué sentido tiene? Preguntas que deben hacerse, y responderse, quienes compraron entradas para ese circo. Descansa, Julen, y a los padres déjenlos sufrir en paz.

TE PUEDE INTERESAR