tribuna

El relator que alteró la historia

A Sánchez los allegados lo describen como un político impertérrito, que es capaz de gestionar el día al día sin que le superen los acontecimientos. En cambio, Borrell, el ministro de Exteriores, por poner otro ejemplo, siendo un viejo lobo estepario de la política española socialista, llegaba conturbado a las reuniones dando vueltas al monotema […]

A Sánchez los allegados lo describen como un político impertérrito, que es capaz de gestionar el día al día sin que le superen los acontecimientos. En cambio, Borrell, el ministro de Exteriores, por poner otro ejemplo, siendo un viejo lobo estepario de la política española socialista, llegaba conturbado a las reuniones dando vueltas al monotema de su multa por vender acciones de Abengoa. Sánchez sobrenada con desparpajo ajeno a las suspicacias sobre su tesis; publica un libro sobre su acceso al poder sin esperar a jubilarse según una de esasnormas no escritas; se desconecta de la derrota andaluza y hace oídos sordos a quienes le señalan; hace entretanto giras internacionales por Europa, África y América, y da un ultimátum a Maduro sin ningún cargo de conciencia por su propia interinidad. Lo único que le ha ocupado a Sánchez es mantenerse en el Gobierno, es cortejar a sus consortes de la huraña Cataluña para conservar la Moncloa el mayor tiempo posible, pues en esencia no hay político que renuncie a permanecer en el poder. Podemos cuestionar a Sánchez por no tener quién le escriba y buscar un relator o mediador (con tan poca fortuna, siendo una vieja figura encarnada por Urkullu, entre otros, en tiempos de Rajoy). Pero no que haga ímprobos esfuerzos por no dejar caer la corona, el trono y hasta los jaeces de su caballería. En este debate con uñas y dientes, Casado y Rivera usan las mismas armas que Sánchez pero en sentido inverso; ambos quieren lo que él ya tiene, y de ahí que se ponga reluctante. En España quien resiste gana, decía Cela. Luis, resiste, dijo Rajoy. Sánchez, el resistente, ha descrito su propio mito en un libro, Manual de resistencia, narrado con ayuda de su leal Irene Lozano. “A diferencia de otros, este libro lo he escrito yo”, fue lo primero que dijo, a propósito, Alfonso Guerra el miércoles en el Congreso al presentar su ensayo La España en la que creo.

No es la pose, sino son los hechos. La fama de ave fénix le viene del destierro y resurrección en Ferraz. Y abona esa suerte de mitología de la que siempre alardeó el PSOE de sus líderes: de ahí el caso de Felipe González, dios, el primero de los dioses socialistas desde la Transición.

La oposición toma hoy la calle en la Plaza de Colón, en Madrid, donde antes pastoreó contra la ley del matrimonio homosexual de Zapatero, y lo hace con un tic venezolano que estos días está en boga. Salir al ruedo para lancear al Toro de la Vega con el símil inconsciente de hacer de Sánchez nuestro Maduro, mientras sus rivales se disputan quién de ellos es Guaidó. Los patriarcas tienen su otoño y sus retoños, y en el mejor de los casos terminan sus días en exilios y retiros, pero ni esto es Venezuela ni Sánchez es Maduro. Habíamos quedado en 1994 con “váyase, señor González”, y ahora el hijo de Aznar -que acuñó aquel eslogan- se lo profiere a Sánchez. La historia se repite 25 años después en boca de Pablo Casado. Mucho antes, en 1980, Felipe González censuró a Suárez, y fue cuando Alfonso Guerra le dio caña al presidente de UCD hasta en el carnet de identidad. Si Suárez hoy se reencarnara, lo haría en Albert Rivera, quien 40 años después sacude a Sánchez sin tregua como si vengara la memoria del centrismo vituperado por los socialistas cuando Guerra llamaba al padre de la Transición tahúr del Misisipi. Si bien la censura de González fracasó, la de Sánchez salió adelante. En este juego de espejos, los personajes se reemplazan por acólitos e imitadores. La política española es un tiovivo, los mismos caballos y casi los mismos jinetes dando vueltas con el rostro cambiado. Faltaba Blas Piñar y ya llegó Vox.

A lo que se reduce el gravísimo momento político que atraviesa este país esta semana -tras el 15M de la derecha en la Plaza de Colón-, con el juicio del procés desde el martes día 12 -la guinda tras Gurtel, Bárcenas y tarjetas black- y la votación el miércoles en el Congreso de las enmiendas a la totalidad de los primeros Presupuestos del PSOE, es a la inveterada lucha por el poder, tanto para conquistarlo por las malas como para no soltarlo por las buenas. ¿Qué pinta aquí un relator? , se preguntaba Guerra, al presentar su libro sobre España. ¿Acaso esto es Yemen?, ironizó sobre el traumático mediador codiciado por Torra para moldear lo catalán de conflicto internacional. Es cierto que Sánchez mandó parar el viernes a la vista de la rebelión a bordo por el relator -Page, Lambán, Soraya, Vara, Rodríguez Ibarra, Guerra y González- y de la venezolanización del centroderecha para pedir elecciones en la calle ya. Sánchez, el sicofante, que decía Gustavo Bueno, sufrió los insultos de Casado -“traidor”, “felón”- y logró que una legión de fuerzas -incluida CC- totalizaran la mayoría para devolverle los Presupuestos. A las puertas de las urnas, por tanto, ordenó a Carmen Calvo poner tierra de por medio con los separatistas y cambiar el relato. De manera que en las factorías del PSOE han de reescribir la biografía de Sánchez a toda pastilla. ¿Cabe una reconversión del presidente más a la izquierda hacia el centro, la gran parcela que todos quisieran urbanizar? Está el superviviente que llegó a la Moncloa, su periplo retorcido y zigzagueante. Casado y Rivera no han pasado aún ese Rubicón. Este renacido vuelve de sus doce trabajos hercúleos con la sombra de Felipe González alargada pero estéril en cuanto a él.

Jamás había prosperado una moción de censura en España ni había sido elegido presidente un no diputado, ni las primarias del PSOE las había ganado alguien procedente del infierno sin ser devorado por el aparato, ni nadie había gobernado con la alianza de los bárbaros. El instinto nos dice como a Rivera que el partido se juega en el centro del campo. En esa demarcación. La del ave fenix de la zona cero donde están cayendo las bombas del sanchismo y el antisanchismo como un rapto maniqueo del chavismo y el antichavismo. Sánchez vuelve a regresar de las tinieblas, fiel al guion. Un viaje al centro no es moco de pavo si se ha estado de donde él viene. Pero ese vellocino de oro lo anhelan muchos, tantos…