CONVERSACIONES EN LOS LIMONEROS

Manuel Maynar Moliner: “Vamos a estudiar las momias guanches sometiéndolas a un TAC, que nos acercará más a la historia de las Islas Canarias”

Manuel Maynar es profesor y director científico de la Cátedra de Tecnologías Médicas de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC). Su currículo tampoco acaba aquí, ni su visión de la medicina científica, ni su imaginación, ni sus proyectos, ni su ansia de trabajar en libertad...

Manuel Maynar Moliner
Manuel Maynar Moliner. / FRAN PALLERO

El profesor Manuel Maynar Moliner (Zaragoza, 1948) se presenta puntual en Los Limoneros, en compañía de su fellow la doctora Paula Briceño (Guadalajara, 34 años), que se está formando en el centro de Diagnóstico y Terapéutica Endoluminal, que el profesor dirige en el Grupo Hospitén. Maynar es profesor y director científico de la Cátedra de Tecnologías Médicas de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC). Su currículo tampoco acaba aquí, ni su visión de la medicina científica, ni su imaginación, ni sus proyectos, ni su ansia de trabajar en libertad. Puedo hacer la introducción más amplia, pero no vale la pena. Acudan a Internet si quieren saber tantas cosas del currículo de Maynar, cuyo tío abuelo, en la noche de los tiempos, fue rector de La Laguna, cuando esta universidad era como el hospital de la señorita Pepis (le robo la frase al maestro).

“Trabajar en libertad, qué bonito, Manolo”. “Es que, si no, tampoco cuenten conmigo. Yo tengo que trabajar en equipo y en libertad; lo contrario sería negar lo que sé hacer”. “¿Qué cura más, la presencia del médico o la acción de los tratamientos?”. “Desde luego, el sentimiento humano de la medicina es fundamental. Y sí que cura. Y también quema, porque compartimos el dolor del enfermo (jamás dice paciente), en ocasiones provocamos el dolor del enfermo y, si podemos, mitigamos o curamos el dolor del enfermo. Así se resume todo”.

Ha revolucionado conceptos en la tecnomedicina el profesor Maynar, que es un especialista en cirugía mínimamente invasiva; es decir, no rajar al enfermo en las intervenciones (ya sé que decirlo así es un vulgarismo), sino aprovechar las vías de acceso naturales de su cuerpo para curarlo o aliviarlo. “¿Hasta qué punto?”, le pregunto. “No hay límites, amigo; por ejemplo, en este momento estamos trabajando con técnica espacial, a través del Instituto de Astrofísica de Canarias, para abordar el problema del pie diabético y evitar las traumáticas amputaciones de esos miembros. Y aquí entra la sabiduría de personajes como el doctor Rebolo, que estoy seguro conseguirá un día el Nobel de Física” (Rebolo es el director del referido Instituto de Astrofísica de Canarias, para quienes no lo sepan).

He visto cómo trabajan “los maynares”, como llaman los médicos que solicitan su colaboración al equipo de Manuel Maynar. Es la leche. Ahora, en este momento del encuentro, el profesor tiene palabras elogiosas para los profesores Luis Serra, un sabio, el inventor de la “dieta mediterránea”, que es algo así como una dieta patrimonio mundial, y el profesor Juan Ruiz Alzola, otro científico de primerísimo orden en el mundo de la ciencia y la medicina, ambos compañeros suyos en la ULPGC.

“Cuéntame lo de las momias. Los canarios vamos a saber todo sobre nuestros antepasados: lo que comían, de qué morían, cuándo fallecían y cuánto vivían, ¿no es cierto?”. “Y muchas más cosas. Vamos a contar con la total colaboración del director del Museo Arqueológico, Conrado Rodríguez Martín, y de su equipo de especialistas. Meteremos las momias en los aparatos de diagnóstico de Hospitén, que ha ofrecido todas las facilidades, y lograremos averiguar la genética histórica de los cuerpos que nos legaron los aborígenes. Es decir, serán, por instantes y durante la investigación, unas momias vivas que nos van a revelar sus más ocultos secretos, a través del TAC (Tomografía Axial Computerizada). Este programa comenzará en tres o cuatro semanas”. “¿Tendrá alguna relevancia para la salud actual de los canarios?”. “Tendrá relevancia para la investigación y una carga de humanismo brutal, que nos hará conocer y acercarnos a la historia de las islas. Es decir, estudiar el pasado como parte viva de nuestro futuro”. “Qué bien queda eso, profesor Maynar, me ha emocionado porque, además, según el profesor García-Talavera, mi familia desciende de un mencey. Espero que no sea del mencey loco”. En este proyecto, como no podía ser menos, interviene también el Astrofísico de Canarias.

Maynar habla de salud, pero en su aspecto más futurista, por llamarlo de alguna forma. No lo puede evitar y tampoco lo quiere evitar: él es un innovador. “Mira, la salud es cara porque la gastamos mal. No es de Dios ni del Gobierno, es de los ciudadanos, y tenemos que gestionarla como es debido”. “O sea, innovando”, apunto. “Entre otras cosas. Ahora existe la telemedicina. Y la videoconferencia clínica con el enfermo, sistema este que estamos utilizando desde nuestro departamento en Hospitén Rambla, sobre todo con enfermos de Lanzarote. ¿Por qué hacerlos venir y por qué sacarlos de sus casas cuando el médico puede seguir la evolución de su enfermedad a través de una conferencia telefónica con imágenes?”. “Pues mejor para el paciente”, le digo. “No me nombres la palabra “paciente”, porque no existe”, me dice Maynar. Y añade: “Existe el enfermo; o, si quieres, el cliente. Lo de paciente es una mala traducción del inglés que ha hecho fortuna, pero que yo no la uso”. “Vale, profesor, usted disculpe”. Se nota su formación americana, en varias universidades, en las que ha aprendido y ha enseñado. Ha perdido la cuenta de sus trabajos en equipo -siempre habla de equipo-, publicadas en las más prestigiosas revistas médicas. “Has inventado un concepto de salud, la del cuarto espacio. Y ya habla mucha gente de eso”. “Bueno, porque es preciso preparar a una población que sabrá pronto que cada individuo podrá llegar a los 100 años; antes se morían a los 50. Es preciso cambiar el método educativo, educar en salud, enseñar a los niños lo que les espera y que se preparen para ello, para un día convertirse en centenarios”. “Y no me olvido del eSport. ¿Evitará un día el alzheimer, profesor, al tener los enfermos mayores ocupado su cerebro con unas maquinitas ultramodernas?”. “No vayas tan deprisa. El eSport tiene como objetivo dotar de tecnología a las personas mayores para que ejerciten el cuerpo y la mente; mantenerlas ocupadas. Que puedan jugar un partido de tenis con sus nietos, ellos en Suiza y el abuelo en Canarias. Mantener atentas a estas personas a través de juegos interactivos que también significan un sistema de conexión ciudadana y que elimina, en tantas ocasiones, la soledad y la inmovilidad”. La soledad, el gran problema de las personas mayores.

Andrés Chaves, junto a Manuel Maynar

“Mira, para ser médico tienes que procurar ayudar a los demás. Conforme pasan los años, la medicina va evolucionando, hay que asumir los cambios”. “Pero los que no cambian”, me atrevo a añadir, “son los laboratorios. Hemos llegado a la Luna, pero no hemos curado el cáncer. ¿Adrede, para ganar más dinero alargando la agonía de la gente?”. “No, eso es completamente falso”. Su respuesta me pareció categórica.
Maynar destaca la labor de los médicos internistas, que son los que distribuyen a los enfermos, en un primer diagnóstico, sobre todo en dolencias del corazón (30%) y cerebrales (70%). “La patología vascular, por ejemplo, es incurable. Lo que hacemos es apañarte para que funcione, gestionar bien el capital que tiene el enfermo”. “¿Y el ictus?”, le pregunto. “Si existe información se puede evitar, claro que sí, en muchos casos”.

Maynar realizó la primera angioplastia con balón que se practicó en España, en 1980. Una técnica parecida a la que utilizaron por primera vez los doctores Dotter y Judkins, en 1964, en la Universidad de Oregon (USA), en la que Maynar enseñó, aunque la angioplastia coronaria con balón fue introducida en 1977 por el doctor Gründzig. Y en 1988, en el Hospital de El Pino, en Las Palmas, el profesor Maynar metió las cámaras en un quirófano, en una labor de investigación y de divulgación científica desconocida en España. “Las cámaras las trajimos de Francia; aquí no había material para realizar este proyecto. Yo estaba harto de trabajar con diapositivas, quería imágenes vivas de las intervenciones”.

Elogia Maynar el trabajo de su equipo en Hospitén. “Ellos son los que realizan la tarea. Mi segundo, Tobías Zander” (alemán organizado e inflexible, los calificativos son míos), “está llamado a sustituirme. Y mi equipo yo creo que aprende todos los días”. En toda esta actividad tiene mucho que ver el proyecto, o programa, como quieran, MACbioIDI, dotado con fondos Feder, en una iniciativa de Interreg Mac, que cuenta con la colaboración de las dos universidades canarias y de varios institutos científicos y de investigación del Archipiélago, entre ellos los que dirige el profesor Maynar. Está regido el programa por el ya citado catedrático Ruiz Alzola.

La charla con el profesor Maynar se eterniza, porque me apasiona. Dice: “En el planeta Tierra conviven dos grandes conceptos: la sanidad y el dinero. No existe nada que no se mueva con dinero”. Y entonces, me viene a la menta una frase de hace unas semanas, en esta misma sección, cuando hablé con mi otro amigo, el profesor Wildpret, catedrático emérito de La Laguna: “El Mundo es de los mercados”, me dijo. Plena coincidencia. Cita a otros dos colegas: al catedrático de Cirugía Antonio Alarcó (de la Universidad de La Laguna) y a su compañero en Hospitén y especialista en La Candelaria, Manuel Morales, jefe del Departamento de Oncología en ambos centros. “Con el profesor Alarcó trabajamos en la mejor plataforma de simulación para médicos y con el doctor Morales mantenemos una estrechísima colaboración clínica. Ya te he repetido que la medicina es una tarea de equipo; sin equipo no hay nada. Los lobos solitarios, como también te dije una vez en otra conversación, no tienen cabida en la labor de un médico”.

Se me acaban los apuntes, pero seguimos hablando de su trabajo en el Centro de Diagnóstico y Terapéutica Endoluminal de Hospitén, adscrito a la ULPGC. Aquí se forman fellows de todas las partes del mundo, que vienen a completar sus estancias con una buena formación de base adquirida en sus países respectivos y con unas ansias enormes de saber más. Cuando se despida de Hospitén, dentro de unos meses, la doctora Briceño, formada en la Universidad de Guadalajara con notas por encima de la media, se irá a un nuevo hospital privado de su ciudad natal, un edificio precioso, por cierto, que será inaugurado este año. Sentirá probablemente nostalgia del lugar donde ha terminado su formación y donde habrá recibido el diploma que le acredita ante cualquier institución docente y profesional. Lamento no haber recordado dónde nació Benito Juárez –me trincó Paula en un renuncio–, pero le aporto algunos datos que demuestran mi devoción por este personaje histórico, este indio amigo de Lincoln y verdugo -muy a su pesar- de Maximiliano de Habsburgo. Antes de mandarlo a fusilar, Juárez cumplió la última voluntad del reo, doctora Briceño: que un mariachi le tocara y le cantara “La paloma”. El profesor Maynar tiene una cena. Es sábado, merece un descanso.