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Ni rastro de extinción: el sorprendente relevo de las curanderas en Canarias que nadie esperaba

La Medicina Popular Canaria, que aglutinó el saber sobre las plantas y los ciclos naturales, con habilidades y creencias diversas, fue custodiado por nuestras curanderas
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Hace dos años Beatriz Chinea, con el apoyo de la Dirección General de Patrimonio Cultural, sacudió el avispero con Curanderas Canarias. Tradiciones de Sanación, un documental que pretendía rescatar del olvido el trabajo que durante siglos desarrollaron estas mujeres. El resultado superó las expectativas, pues más allá de la extraordinaria visibilidad que les ha otorgado en nuestros días, su posterior proyección en todas las islas reveló algo inesperado: aunque en un lugar discreto, su presencia y legado siguen vigentes a través de muchas más curanderas de las que, en principio, cabría esperar.

La creencia de que nuestro curanderismo estaba en peligro de extinción es errónea. Hay más curanderas -también curanderos, aunque en los oficios de curar han dominado ellas- de los que la mayoría habría llegado a imaginar, y lo que es más llamativo, el relevo generacional parece asegurado. Hijas y nietas de curanderas, e incluso mujeres sin un vínculo generacional claro, santiguan, rezan males de ojo, colocan emplastos o te curan el pomo, añadiendo siempre un agüita de esta o aquella hierba.

Es cierto que inevitablemente lo que podríamos considerar más tradicional termina creando sinergias con creencias y prácticas foráneas, evolucionando conforme a los nuevos tiempos y necesidades. De hecho, nuestra medicina popular no fue algo estático, sino en constante evolución desde su conformación tras la Conquista, desde donde emerge como una fusión de elementos de la medicina y las creencias de los antiguos guanches, con el conocimiento y creencias en sí mismo mestizo que aportó la población europea, las comunidades moriscas y, con el tiempo, las influencias americanas.

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El Centro de Plantas Medicinales de Tejeda, creado en 2007, recibe unas 13.000 visitas al año. Es un ejemplo del potencial que el tema ofrece para el turismo interior y exterior, y un excelente recurso para valorar este aspecto de nuestro patrimonio.

Un estigma a eliminar

Curanderas Canarias. Tradiciones de Sanación también reveló la tendencia a infravalorar la vigencia de los prejuicios, algo llamativo en una sociedad en la que las redes sociales son un escaparate sin límite para la ridiculez. Durante mucho tiempo fueron respetadas, dando alivió y consuelo ante la enfermedad y la adversidad, la mayoría de las veces con una compensación basada únicamente en el trueque. No tenía horario. Después, al amparo del “progreso” retrocedimos en respeto, perdimos la memoria deslumbrados por los avances y eficacia de la medicina, empezando a olvidar lo mucho que hicieron estas mujeres cuando no había médicos, o dinero para pagarlos. Hoy, a muchas curanderas les cuesta hablar, contar sus vivencias, compartir su saber…en su momento aprendieron que era mejor callar, silenciarse. Romper esa barrera es muy difícil. También por ello el trabajo de Chinea tiene un valor incalculable. Refleja con respeto lo que hacen, sin juicios, y esas personas se han visto retratadas con precisión, como en un espejo. Lo agradecen, le hablan en privado…pero les sigue costando un mundo significarse, y mucho más, el ponerse frente al objetivo.

Nuestras socorridas plantitas

Nadie duda que la ciencia y la tecnología han generado alternativas al saber de parteras, yerberos, santiguadoras, animeros, curanderas y esteleros, pero ellas y ellos siguen estando ahí, y no merecen el olvido. En muchos hogares canarios la impronta de ese saber es rastreable a través del uso de las plantas medicinales, que funcionan como “el primer recurso de salud en muchas casas, mucho más allá de la figura de la curandera”, explica Chinea. “Durante el proceso de documentación, -asegura- fue muy revelador comprobar cómo la ciencia actual respalda la gran mayoría de estos remedios caseros. Los usos que tradicionalmente se le han dado a distintas plantas coinciden de forma precisa con sus propiedades farmacológicas reales. Esto nos confirma que su uso no se basa simplemente en la costumbre, sino en un conocimiento empírico muy sólido y certero que ha pasado de generación en generación”.

Una valoración afín es la de Fayna Brenes, bióloga botánica, agroecóloga y especialista en flora canaria y plantas medicinales. “La tradición yerbera aún goza de buena salud en general y lo demuestran los puntos de ventas de plantas medicinales que existen en las islas”, nos explica. Aunque seguimos tirando de agüitas y remedios populares, señala “que su uso se ha reducido, en gran parte por la tendencia a la hipermedicalización y, por otro lado, debido a que se ha reducido drásticamente la práctica de la recolección de plantas medicinales silvestres, ya que los conocimientos sobre las mismas forman parte de un patrimonio cultural desgastado por décadas de desconexión con la naturaleza y el medio natural”.

Brenes destaca como plantas como la yerba clin o el poleo de monte “forman parte del acervo que seguimos conservando, debido a sus potentes propiedades curativas y a la gran importancia cultural que siguen manteniendo en el imaginario colectivo”, apostando por recuperar el botiquín casero básico. “Nos hemos acostumbrado a comprar las conocidas bolsitas de infusión en los supermercados, pero es muy sencillo y gratificante cultivar, o al menos contar en casa, con algunas plantas digestivas, para los catarros y para la piel, que nos aliviarán gran parte de las dolencias comunes, y mejorarán con creces nuestra salud, nuestro bolsillo y la relación que tenemos con la naturaleza”

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