el charco hondo

Bilirrubina

No somos el mejor carnaval del mundo porque ningún carnaval es el mejor del mundo. No se juega ninguna liga, ni falta que hace. Vamos fuera de concurso. No va de compararnos, sino de disfrutarlo. No va de ser muchos -cada vez más-, sino de divertirnos mucho -cada vez más-. Probablemente seamos, eso sí, el ...read more →

No somos el mejor carnaval del mundo porque ningún carnaval es el mejor del mundo. No se juega ninguna liga, ni falta que hace. Vamos fuera de concurso. No va de compararnos, sino de disfrutarlo. No va de ser muchos -cada vez más-, sino de divertirnos mucho -cada vez más-. Probablemente seamos, eso sí, el mejor carnaval en la calle, y eso nos acerca a la condición de ser El Gran Carnaval. La calle es lo que convierte al carnaval de Santa Cruz en algo verdaderamente excepcional. La posibilidad de vivirlo en abierto, despreocupados, libres, tranquilos y sin sentirse amenazado (o sitiado) es lo que convierte a este carnaval en algo grande, en una verdadera fiesta. Callejearlo. Pasearlo. Amanecerlo. Reírlo. Ahí está la diferencia. En la calle como espacio de convivencia, y no como campo de batalla, ruleta rusa o territorio minado. La calle es su gran valor, su gran escenario. Otros se viven atrincherados, amurallados, encerrados en ámbitos privados o reservados. El de Santa Cruz es abierto, luego democrático. Es la calle lo que marca la diferencia; la calle y algo que se aprende desde pequeño: el buen rollo elevado a la condición de forma de ser individual y colectiva, esa actitud, esa cultura de orillar posibles incidentes con ese no pasa nada, amigo, estamos en carnavales. Este año el carnaval de Santa Cruz ha resucitado. Resucitado, sí. Hace algunos años asomaron síntomas de agotamiento, de cansancio, ediciones en las que nos acercamos a la posibilidad de convertirnos en un carnaval de esquinas, de grupitos arremolinados en espacios reducidos. Se ha pasado del bache al orgullo, al subidón, a la reconstrucción de la autoestima que la Ciudad tenía acatarrada. Autoestima recuperada, sí. Santa Cruz se sacudió el sábado de piñata el sambenito de ciudad adormecida, mustia. El sábado, consagrado ya como el día más grande del año, la Ciudad quiso contarle al resto de la Isla, y más allá, que sigue siendo una capital con músculo, ganas, atractivo, una Ciudad a la que le sube la bilirrubina cuando te miro y no me miras. No somos el mejor carnaval del mundo, no va de eso. Ninguno lo es. Somos una ciudad que puede vivir sus calles, una capital capaz de hacer cosas grandes, un carnaval que probablemente sea el mejor en la calle. El carnaval ha resucitado. La autoestima de la ciudad ha renacido a ritmo de bachata.