la casa blanca

¿Cumbre en Hanói o cena entre amigos?

Donald Trump no llega a un acuerdo con Kim Yong-un, pero confía en su palabra

La cumbre en Hanói, Vietnam, entre el líder estadounidense y el líder norcoreano falló por una sencilla razón que a nadie se le escapa excepto a Trump y sus promesas de campaña, que poco a poco se han ido convirtiendo en un fracaso absoluto. La esperada reunión entre ambos mandatarios se cerró con una clausura apresurada y un almuerzo cancelado, debido a que Corea del Norte no eliminará su arsenal de armas nucleares en los próximos meses, ni siquiera tiene intención de hacerlo en los próximos años, una sorpresa para la Administración Trump, y para nadie más.

Pyongyang ha exigido demandas poco razonables en cuanto a compensación, se ha cerrado en las conversaciones durante la última década y ha continuado expandiendo y ocultando su arsenal durante las negociaciones. Era previsible que no llegaran al acuerdo, por mucho que Trump esperara que del encuentro surgiera una nominación al Nobel de la Paz.

De la misma manera, el fracaso de esta última reunión se debe en parte a que la Administración Trump ha mantenido una postura rígida en cuanto al plazo propuesto para el desarme, exigiendo que se haga de forma inmediata o de lo contrario no habrá trato. Con tan poco espacio para dirimir, Trump no está preparado o equipado para negociar un acuerdo preliminar o seguir con el siguiente punto en la agenda, simplemente porque esas opciones son inexistentes en los planes del impulsivo mandatario americano.

Nuevo plan de negociación

La única solución sería empezar desde cero un nuevo plan de negociación. Sin un cambio decisivo en la táctica, la conversación se estancará, y una tercera cumbre será una nueva pérdida de tiempo, y, no nos engañemos, la próxima ronda de negociaciones será más ardua. La postura de Trump ha mostrado a los norcoreanos que no tienen por qué lidiar con diplomáticos expertos y que basta con enviar algunas cartas adulando al magnate estadounidense para que este se reúna y posiblemente sucumba en una de esas entrevistas. A menos que Trump de forma creíble delegue autoridad en su representante especial Stephen Biegun, nada cambiará en estas negociaciones llevadas a cabo por un presidente inexperto y con pocos recursos para entablar una conversación inteligente.

La primera prioridad debería ser codificar y hacer permanente los límites que Pyongyang ha adoptado de forma voluntaria. Un buen primer paso sería incapacitar los reactores en Yongbyon hasta que estos puedan ser desmantelados de forma segura. Un acuerdo que prevenga las pruebas nucleares y ciertos tipos de misiles proveería límite real al arsenal mientras avanzan las conversaciones.

En lugar de formalizar cuanto antes las declaraciones de buena voluntad entre ambas naciones y en especial de Kim Yong-un, el presidente Trump continúa pecando de ingenuo diciendo que confía en la palabra del norcoreano, sin que nada quede en firme. Utilizando las propias palabras de Trump: se fía de él. Es el único. Una negociación conjunta entre Estados Unidos y Corea del Sur también sería más productiva en lugar de disgregar las conversaciones a tres bandas.

No se puede esperar que un presidente que no es disciplinado, y al que le falta humildad y conocimientos, pueda conducir con éxito las díficiles negociaciones tan necesarias para los intereses de Estados Unidos y sus aliados contra una Corea armada hasta los dientes con arsenales nucleares.

Si el presidente delegara en sus expertos para que trabajen con Seúl mientras él se enfoca en su campaña doméstica y sus escándalos, tal vez haya una oportunidad de poner freno a la situación. Pero en su lugar, el presidente continúa metiendo la pata.

Otto Warmbier

La familia de Otto Warmbier censuró al presidente por ponerse de parte de Kim Jong-un, quien negó conocimiento de las torturas al joven durante el tiempo que estuvo encarcelado en Corea del Norte,

“Hemos sido respetuosos durante la cumbre. Ahora debemos hablar, Kim y su régimen diabólico es el responsable de la muerte de nuestro hijo Otto. Kim y su régimen diabólico es responsable por la crueldad inimaginable y falta de humanidad. Ninguna excusa o adulación pueden cambiar eso. Gracias”, dijeron Cindy y Fred Warmbier, los padres del joven Otto, en una declaración a CNN.

Durante la cumbre, Trump manifestó en Vietnam que no acusaba al dictador norcoreano de la muerte de Warmbier, volviendo a repetir una vez más su cantaleta al decir que Kim “me dijo que no sabía nada sobre eso, y yo creo en su palabra”, añadiendo, con su habitual tono infantil, que “ Kim se siente muy mal por lo que ocurrió, que conoce muy bien el caso, pero que se enteró después.”

Otto Warmbier, un estudiante de la Universidad de Virginia, fue detenido en enero de 2016 durante una visita a Corea del Norte. Fue prisionero del régimen durante un año antes de ser liberado en junio de 2017. El chico, de tan solo 22 años, regresó en estado vegetativo a Ohio. Había perdido la vista, estaba sordo y había sufrido daño cerebral severo durante su detención en Corea del Norte. Otto murió el 19 de junio de 2017, días después de retornar a Estados Unidos.

Pese a la ridícula postura de Trump y de la Casa Blanca, son muchos los estadounidenses -incluidos muchas figuras relevantes del partido republicano- que se han sentido agraviados por los comentarios absurdos del presidente, haciendo hincapié en que lo ocurrido a su compatriota en Corea del Norte se trata de una consecuencia más del brutal régimen del dictador norcoreano, simpatizando con la familia del chico fallecido.

Kim Yong-un es el dictador de uno de los regímenes más opresivos del mundo, uno en el que las organizaciones de derechos humanos dicen que son habituales los campos de concentración, la muerte por inanición de sus ciudadanos, y donde se llevan a cabo experimentos médicos en seres humanos. La ONU estima que entre 80.000 y 120.000 personas están prisionerasen los gulags, o campos de concentración norcoreanos.

Estupideces presidenciales

Mientras tanto, el presidente de los Estados Unidos continúa diciendo estupideces como que cree en la palabra de Kim Yong-un, o que ambos “se enamoraron el uno del otro”, “ que le cae bien”, “que es un buen tipo” y otras sandeces que hacen que uno se pregunte si simplemente, como Narciso, Trump ve en Kim Yong-un su propio reflejo.

Ya hemos sido testigos de cómo Trump defiende el carácter de otros líderes polémicos como Vladímir Putin, Rodrigo Duterte o el príncipe Mohamed bin Salmán en el caso del asesinato del periodista Jamal Khashoggi. El año que viene sabremos si su política internacional y su simpatía hacia dictadores se traducen en la confianza de los estadounidenses y de su propio partido en las urnas.

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