Casado ha caído en la trampa de Vox. Casado cazado. La falta de confianza es un lastre, una carga que contamina, atasca y deteriora los días de cualquiera, también de los líderes políticos. Dudar es un ejercicio saludable, necesario; pero dudar constantemente de uno mismo, liderar un partido aleteando contra la corriente de las inseguridades personales, ideológicas y tácticas es un hándicap, y bien gordo. Cuando esas inseguridades atrapan a un candidato (a Casado, pongamos) el político acaba condenándose a multiplicar malabarismos, para no terminar de caer (por muy cocinado que esté el sondeo del CIS, los 66-76 escaños que les pinta Tezanos anuncian que el patinazo de este PP podría ser sonado; puede que ya estén echando de menos a Rajoy, o que se acuerden, y mucho, de Soraya). Casado da síntomas de un nerviosismo que está contagiando a los suyos, debilitándolos. Decir, como ha dicho, que Pedro Sánchez prefiere las manos manchadas de sangre que las manos pintadas de blanco resume al candidato del PP. A Casado es fácil imaginarlo como gallo de pelea, pero no como presidente. Como señala Manuel Jabois, Casado sobrevive a un apocalipsis causado por él mismo atrincherado en su sonrisa permanente. Si las derechas sumaran sería presidente, y a ese hipotético presidente cabe exigirle que sea mínimamente educado, civilizado. Civilizado, sí. La afirmación de Casado, tiñendo de rojo las manos de Pedro Sánchez, es inadmisible, repugnante. Y torpe, aunque esto último sea algo menor. Torpe porque esa frase moviliza, sí, pero no a los suyos, y se traducirá en otro puñado de escaños para el PSOE. Casado, Rivera, y sin duda Abascal, están abrillantándole la campaña a Sánchez, agigantándolo, proclamándolo. Casado no ha entendido que quienes tengan el cuerpo rockero comprarán Vox, no ha comprendido que el PP no debe pedalear por ese callejón, que lo suyo es ofrecer gestión, algo de orden, y listo. La afirmación de las manos manchadas acompañará a Casado, le será tan inseparable como su sombra. La lengua del candidato del PP ha quedado pintada como la de los chiquillos que compran esos caramelos o chupetes -pintalenguas- que dejan la boca azul. A la espera de saber qué votarán cuatro de cada diez (el 41,6% sigue sin terminar de decidir su voto), se barrunta que el dislate táctico pasará factura a este PP. Casado cayó en la trampa de Vox. Casado cazado.
NOTICIAS RELACIONADAS
