EL CHARCO HONDO

Vienen curvas

"Es imposible medir qué pasará con los británicos. Ni ellos mismos son capaces de saber dónde y cómo estarán en apenas unos meses"

Tiene Uri Geller una sensación muy fuerte (así lo anunció semanas atrás), un pálpito que le permite ver con nitidez que los británicos no quieren abandonar la Unión Europea. El ilusionista lo tiene tan claro que envió a finales de marzo una carta a la primera ministra, Theresa May, para hacerle ver que si los ingleses ponen toda su energía a trabajar, concentrándola a la hora mística de las 11:11 (de la mañana y de la noche) podrán parar telepáticamente el Brexit porque -dice, y lo garantiza- al visualizar a May revocando el artículo 50 del Tratado de la UE él está en condiciones de lograr ese objetivo. Aquí, en las Islas, también se tiene una sensación muy fuerte. Cada vez más analistas y operadores tienen el pálpito de que las dudas sobre cómo acabará la aventura del Brexit, y los estornudos del mercado alemán, van a golpear a Canarias bastante más duro de lo que se nos está contando. Es imposible medir qué pasará con los británicos. Ni ellos mismos son capaces de saber dónde y cómo estarán en apenas unos meses. A los alemanes está bajándoles la temperatura de sus bolsillos con el enfriamiento de su economía; y, en lo que averiguan si catarro o gripe, se han reencontrado con destinos más baratos y cercanos. En este punto, es imprescindible, y sin duda inaplazable, que en Canarias operadores y administraciones pongan toda su energía a trabajar, concentrándola a la hora mística que mejor les venga para afrontar unos meses (o años) tan exigentes como complicados, preocupantes. Telepática o políticamente, tanto da, no se puede tardar en definir acciones distintas para el tiempo distinto que está abriéndose bajo nuestros pies. Las recetas para las vacas gordas son ya insuficientes. Hay que consolidar esas líneas de actuación y proyección (promoción), pero es necesario añadir a esas líneas de trabajo estrategias que nos ayuden a girar en las muchas curvas que está anunciándonos el GPS. Debe irse a más en el objetivo de cazar turistas que ocupen menos gastando más, y ahora toca ir a buscarlos (en la península o en mercados alternativos al británico o alemán), poniéndoselo fácil con frecuencias y precios. Telepáticamente o no, hay que poner toda la energía a trabajar porque vienen curvas, muchas. Y hay que hacerlo ya. Se ha acabado el tiempo del estupendismo.