el charco hondo

13, Rue del Percebe

A la izquierda la tienda de ultramarinos, Colmado Senén, regentada por un tendero desconfiado, capaz de engañar a los clientes con el peso, el precio o la frescura de las mercancías, hábil en el innoble arte de hacer que las cosas parezcan lo que no son, pesen más de lo que pesan o valgan más de lo que cuestan. Anexa al Colmado Senén la portería, gobernada por una cotilla perfectamente capaz de contar con todo lujo de detalles lo que pasa, y cuando los hechos se le quedan cortos incluso lo que no pasa, aliñándolo con situaciones o conversaciones inventadas que den al relato aspecto de realidad. El ascensor, a pesar de su condición inerte, sufre igualmente con las peripecias, enredos, trampas y triquiñuelas de quienes viven o pasan por el edificio, sufriendo en propias carnes (o cables) los arreglos y chapuzas de la comunidad de vecinos. Frente a la portería, en una alcantarilla puede que alquilada por la dueña de la pensión, Don Hurón informa a la portera de los pecados y milagros de quienes pasan por los alrededores. En el primero derecha vive la propietaria, dueña de un inmueble que siempre tiene ocupado con más personas de las aconsejables o permitidas. En la segunda una anciana que, miembro de la sociedad protectora de los animales, ha tenido gatos y perros, o elefantes, e incluso una ballena. En el segundo derecha un científico loco, en el tercero izquierda un ladrón patoso, y en el de la derecha una mujer con tres niños que son unos trastos. En la buhardilla un pintor acosado por los acreedores, en la azotea un gato y un ratón, en las escaleras una araña, y en Canarias, junto a la tienda de ultramarinos, al lado de la portería, dentro del ascensor, detrás de la puerta del segundo derecha, en la ventana del tercero izquierda, en la azotea y en la alcantarilla, una legión de negociadores, rumurólogos, portavoces desautorizados, intermediarios, porteras, noveladores, hurones, cargos orgánicos, charlatanes, cargos inorgánicos, arañas, pintores endeudados, patosos, relatores aficionados, gatos, trastos, estrategas de las grandes ligas pero también de las pequeñas, ratones y espontáneos están convirtiendo el arranque de esta legislatura en Gobierno, cabildos y ayuntamientos en una versión bochornosa de la 13, Rue del Percebe.

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