despuÉs del paréntesis

Cabildo

Hace unos días, en este periódico, un escritor de Tenerife expresó su malestar por la actitud del director insular de Cultura, don José Luis Rivero Plasencia. Por afectados, de acuerdo. Mas cabe añadir un punto a lo ahí expuesto. El responsable de ese nombramiento es el actual (y provisional) regente don Carlos Alonso. El peor presidente de la historia de la institución da directrices en cultura y aprueba. El Cabildo (por el señor Rivero Plasencia) no tiene plan, no se le conoce preocupación alguna por el sector o no dedica una parte del presupuesto a concurso público para el desarrollo de las diferentes secciones. Se escuda (perversamente) en asumir los gastos conforme a intereses particulares o de partido sin que nadie intervenga. Y eso los pone en su lugar. Porque el Cabildo de Tenerife se ha movido desde tiempos inmemoriales por tres sectores: la cultura, el desarrollo empresarial y las carreteras (También la salud en un momento importante de la historia). Para el último caso el presidente se ha explayado de manera calamitosa, excusando o mintiendo sobre lo que ocurre con la autopista del norte o posponiendo el anillo insular. En lo que atañe al segundo de los casos, se atendió a las grandes empresas y también a las pequeñas que forman un tejido de producción importante en la isla, como ocurre (y se prueba estadísticamente) con las de índole cultural. Para el primero cabe recordar que la entidad protegió el cine, la producción de libros, las revistas (Liminar, Sintaxis, La Página), la ópera o la música sinfónica (con la creación de una orquesta para tormento de los actuales inquilinos). Hoy la ausencia remata; ni un euro. Así una publicación con distribución nacional e internacional que llegó a los 208 números desaparece de la escena sin remedio. Esa es la actitud; y no se inmutan. Denuncio un hecho comprobable. Quien escribe pidió formalmente audiencia con el presidente dicho dada su preocupación. La respuesta pone en tela de juicio lo que ocurrió con anteriores máximos responsables, de don José Segura Clavell, don Adán Martín a don Ricardo Melchor, que nunca excusaron una entrevista con quien la propuso dado quien era (y ellos lo conocían). Desviaron el asunto hacia el dicho don José Luis. No ocurrió. La Presidencia no se movió para que ese encuentro fuera incuestionable e inaplazable. De lo cual se deduce que los actuales (y provisionales) mandatarios del Cabildo de Tenerife reiteran uno de los actos más repudiables de la política: la falta de respeto. Faltan al respeto no solo a un ciudadano con todos sus derechos y dignidad, sino a un activista de la cultura que pude probar fundaciones y resolución de proyectos en un extenso currículum. Esta, pues, un eslabón a esta condena: la moción de censura (que esperamos pronto) a fin de que los aclamados sean solo un funesto y fatal sueño que no ha de repetirse jamás.

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