conversaciones en los limoneros

Carlos Gaviño, editor: “El libro de toda la vida es perdurable, funcional y hermoso”

Obsesionado por la papa negra, Carlos Gaviño de Franchy (Santa Cruz, 66 años) llegó a Los Limoneros decidido a zamparse un cuarto de kilo de ellas
Carlos Gaviño de Franchy, editor, académico y poeta. FOTO: Fran Pallero

Obsesionado por la papa negra, Carlos Gaviño de Franchy (Santa Cruz, 66 años) llegó a Los Limoneros decidido a zamparse un cuarto de kilo de ellas. Si hubiera sido en Madrid, la factura habrá subido unos sesenta euros. Aquí, sólo unos pocos. Gaviño, por el que siento mucha admiración, sobre todo como editor, es miembro de la Real Academia Canaria de Bellas Artes de San Miguel Arcángel, poeta, presidió el Círculo de Bellas Artes y se ha jubilado. Ha dejado la edición de sus libros extraordinarios en manos de su hija, Claudia Gaviño Mariz, que los borda, igual que ha hecho su padre durante años. ¿De qué hemos hablado? De todo. Carlos te hace un cuento en una servilleta. En su casa tiene las firmas, originales o fotografiadas, de los personajes más importantes de la historia de estas islas, además de cientos de grabados, muchos de ellos de gran valor.

-¿Y a quién le vas a dejar todo eso, cuando la cosa sea inevitable?

“A nadie. Desde luego, a ninguna institución. Que mis hijas hagan lo que quieran”.

-¿Tú crees en el libro electrónico?

“Sí, claro, se trata de un gran avance tecnológico. En el que no creo es en ese tocho que se imprime en Amazon y similares, que a los quince días está despegado, que ha sido mal editado y que no tiene ninguna personalidad. Yo creo mucho más en el libro tradicional, en el de toda la vida, que es perdurable, funcional y hermoso”.

-Por la vía de tu extinto matrimonio estás emparentado hasta con abades mitrados. ¿Cierto?

“Bueno, Luis María de Lojendio, antepasado de María Teresa, mi ex mujer, fue abad mitrado del Valle de los Caídos y se calentó con Carrero Blanco porque éste no le daba más dinero para conservar la basílica”.

(Me olvidé de hablarle del embajador de España don Juan Pablo de Lojendio e Irure, que se enfrentó a Fidel Castro en la televisión cubana, cuando éste hizo comentarios injuriosos contra España. Fue expulsado de Cuba, pero Franco le concedió otros destinos más importantes).

-¿Por qué te has jubilado?

“Podría decirte que porque estaba hasta los cojones de trabajar, pero no sé. Ahora paseo a mi perrita y doy algún que otro consejo a mi hija Claudia, que lo hace tan bien o mejor que yo”.

-¿Qué es un libro?

“Puede sonar a cursi, pero los libros son las habitaciones de las ideas. ¿Habrá una definición más sencilla?”.

-Tú vienes de familias con historia.

“Sí, incluso con historias periodísticas. Mi tío, Juan Franchy, republicano, amigo de don Leoncio Rodríguez, fue teniente de alcalde de Santa Cruz y periodista de prestigio en El Regionalista. Vivió tan deprisa que murió a los 30 años”.

Carlos Gaviño de Franchy, editor, académico y poeta. FOTO: Fran Pallero

-¿Por qué has editado tantos libros fuera de Canarias?

“Mira, te cuento un secreto. Porque las imprentas de aquí, que llegaron muy tarde -tiene frases de elogio para Litografía Romero-, no conocían la figura del regente, que garantizaba la armonía entre el cliente y el impresor, y la calidad del producto, asumiendo una gran responsabilidad. Las de la Península sí cuentan con personas con ese cometido. Y se nota en el producto final”.

-Tú dices que aquí la imprenta llegó tarde…

“A Tenerife más tarde que a La Palma y Gran Canaria. La primera imprenta tinerfeña capaz de editar con cierta calidad fue La Isleña, de don Pedro Mariano Ramírez, allá por 1830. Hoy no nos podemos permitir el lujo en este archipiélago de comprar máquinas de tres millones de euros; y también hay demasiados impuestos sobre el papel y la tinta; son más caros los portes. Y todo eso”.

-Ahora las bibliotecas no recogen libros, cesiones de colecciones privadas.

“Es un error. Yo no digo que recojan enciclopedias repetidas. ¿Pero libros? Hay gente que deja las cajas, de noche, a las puertas de las bibliotecas, como se dejaban antes los niños en la inclusa”.

-¿A qué edad editaste tu primer libro?

“Yo tenía 18 años. Me considero un rescatador de la iconografía canaria, que se hallaba en un estado lamentable de olvidos”.

-¿Qué foto te ha costado más conseguir?

“Aunque te parezca mentira, una de don Matías Real, uno de los fundadores del periódico La Tarde. Fue hace treinta años y la conseguí integrada en un álbum, en Las Palmas, procedente de la familia Perdigón. Al verla me di cuenta de que yo la tenía en mi colección, pero el personaje no estaba identificado”.

-¿Admiras a algún mecenas de los libros?

“Sin duda, a don Julio Sánchez Rodríguez. Un sacerdote canario que ha patrocinado una colección de libros extraordinarios, libros que son solicitados desde muchos lugares del mundo y que han despertado la emoción sincera de muchos hombres de la Iglesia; como, por ejemplo, El barrio de San Cristóbal y su antigua ermita, que hizo llorar en su presentación al obispo de Canarias.

-¿Y qué me dices de la obra de Alfonso Soriano Benítez de Lugo, Los canarios en la Corte, en cuya edición tuviste tanto que ver? ¿No es un lujo?

“Claro que lo es y también el fruto de un trabajo de 25 años realizado por el autor; y de ese esfuerzo sale una obra de excepcional valía, que quedará para la historia”.

(Carlos Gaviño ha participado, como editor, en las colecciones de la Biblioteca Atlántica, Biblioteca Básica Canaria y la de Agustín Espinosa, las tres del Gobierno de Canarias. Y todas le han salido bien).

“Bueno, es que uno pone mucho empeño en lo que hace y procura que salgan las cosas como tienen que salir; se trata de ejercitar un cierto perfeccionismo”.

-¿Tú no crees que los canarios pudientes tenían tendencia a ser retratados y fotografiados, en los siglos pasados?

“Mira, los no tan pudientes ya iban a Madrid, o incluso a París, a ser fotografiados por los mejores retratistas de la época. Ya lo dijo Andrés de Lorenzo Cáceres: para los canarios era una especie de sueño esos retratos”.

-¿Por qué fracasan las editoriales privadas en las islas?

“No lo sé, supongo que por un montón de factores que yo ignoro. Me da mucha pena que dejara de editar, por ejemplo, Artemisa, una editorial que iniciaron dos doctores, Ulises Ramos y Marian Montesdeoca. Tuvieron un gran mérito y merecieron mucha mejor suerte. Lo hacían todo con una gran calidad. Es una pena que cualquier pelandusco se ponga a hacer libros y salga adelante y que dos intelectuales de esa talla tengan que claudicar”.

-¿Te consideras un autodidacta?

“No lo sé, quizá; he aprendido mucho, me he preocupado de ello. Juan-Manuel García Ramos me dio la primera beca de creación literaria. Durante su etapa en Cultura se hicieron grandísimas ediciones, sobre todo porque eran asequibles para todo el mundo. Y ha inspirado otras más, aún lejos de un cargo oficial. Menos mal que nunca ha abandonado la cultura, porque nos habríamos quedado huérfanos”.

-Tú siempre haces bromas con la pornografía.

“Es que la pornografía, la buena, indudablemente alarga la vida”.
(El almuerzo terminó y nos metimos entre pecho y espalda unos whiskies y unos oportos que espero que Mariano Ramos me perdone, porque no estaban dentro del guion. Se unen a la fiesta Juan-Manuel García Ramos y Carlos Díaz-Bertrana, que se ha hecho de Podemos, o algo así, y que es compadre de Gaviño. Carlos Gaviño de Franchy es un pozo inagotable no sólo de sabiduría, sino también de imaginación).

-Oye, no sé cómo se las arreglan algunos, pero hay escritores en Canarias que están en todas partes. Hacen libros de fútbol y de viajes. También escriben novelas. Son contratados continuamente para presentaciones y conferencias. Y otros son ignorados por completo. Disculpa, pero es una apreciación personal.

“No voy a hablar yo aquí de voces de falsete, no me interesa. Ni de lo que les han sacado a las instituciones. Yo creo en lo que creo y sé de qué pata cojea cada cual. Y también creo en la virginidad, pero en la virginidad de los libros”.

-A esto se le llama salir por peteneras.

“Lo que tú quieras, pero yo sé lo que digo”.

–Maestro, feliz jubilación activa.

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