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De la nada al infinito

Existe una enemiga de la política, pero arrecha, que es la cursilería. Cuando a un cursi, un suponer, lo eligen parlamentario, y más en esos parlamentos regionales que no son parlamentos ni son nada, se vuelve más cursi todavía

Existe una enemiga de la política, pero arrecha, que es la cursilería. Cuando a un cursi, un suponer, lo eligen parlamentario, y más en esos parlamentos regionales que no son parlamentos ni son nada, se vuelve más cursi todavía. Para muchos es como ir de la nada, porque nada son, ni nada han sido, al infinito. ¿O es que no recuerdan a aquel diputado que se compró su primer traje en Borrella y se dejó las etiquetas por fuera de las mangas, para revelar al mundo la procedencia de la prenda? Fue muy sonado. A la hora de elegir un terno, no sé por qué, los herreños los eligen de severo color marrón, que debería denominarse color Tomás Padrón; y los gomeros, gris marengo, moda que ha impuesto Casimiro Curbelo, que también es muy suyo en el asunto del colorido. Bermúdez usaba el beige, pero los pantalones le quedaban como de doble vuelto, a pesar de las calzas en los zapatos. Yo veo un color por la calle del Castillo y ya sé de qué isla viene, aunque se encuentre el hombre de espaldas. Las canarionas usan el estampado y Rosa Dávila el traje chaqueta, porque es -era- de Hacienda y Hacienda somos todos menos yo. Total, que la cámara se nos ha vuelto multicolor, pero tendiendo a un velatorio. Sólo falta el muerto, pero a Gustavo Matos se le ha entristecido la cara en dos días y la faz le tiende a una blanca palidez como la que patentó Procol Harum en los tiempos del cólera o casi. Vamos a ver la carita que se le pone a Carlos Alonso cuando le presenten la cosa, que está al caer. El rizo de la Piquer que lucía cuando lo trincaron bailando (suelto) en Cuba con Efraín Medina se le va a poner tieso. Ay.

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