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El penúltimo

He recibido un meme la mar de gracioso. Dice: “En aras de la integración, la Federación de Atletismo considerará también maricón al penúltimo”. Estas boutades, que a mí me parecen muy ocurrentes, vienen al caso con la exageración de todo. En nuestros juegos infantiles -no me lo van a negar- siempre se había dicho “maricón el último”, en cuyo instante partía todo el mundo a correr hacia lo que fuera. Ahora, con la integración, el combate a la homofobia y todas esas zarandajas (zarandajas cuando son elevadas a la enésima potencia del ridículo), el penúltimo también será maricón y todo el mundo tendrá que correr más rápido, con lo que tendremos cantidades incalculables de Usain Bolt, que enriquecerán nuestro elenco olímpico. En fin, que era la única broma que tenía a mano, descartado cualquier comentario en favor o en contra de los malditos pactos, que tienen hundida a la población civil -supongo que a la militar también-. Las redes no conocen fronteras y todos los graciosos que en el mundo son se han puesto en movimiento para opinar, vacilar y todo eso. Hasta los periodistas han enloquecido. El otro día leí a uno muy conspicuo que le puso una hache al verbo urdir; y no digo yo que el mejor escribano haga un buen borrón y luego se vaya a dar clases a la universidad. En esta tierra siempre han abundado los carotas. En fin, que el mundo está revuelto y hasta la directora de El País ha sido acusada de nepotismo por un periódico digital, pues ha enchufado en el periódico a la parentela de la parentela, según el referido digital. Y es que se pierden los viejos espíritus que refrescan y enriquecen el comercio de las ideas, que diría un amigo, más o menos literalmente reflejado.

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