claves para ser brillante

El poder de la actitud

Cada día nos vemos envueltos en multitud de situaciones más o menos complejas que ponen a prueba nuestras capacidades o habilidades para manejarlas de forma efectiva, pero no siempre lo conseguimos

Cada día nos vemos envueltos en multitud de situaciones más o menos complejas que ponen a prueba nuestras capacidades o habilidades para manejarlas de forma efectiva, pero no siempre lo conseguimos. No nos resultará difícil imaginar una de esas situaciones al pensar en el clásico atasco de tráfico que nos encontramos al dirigirnos al trabajo o al colegio de los niños, o al pensar en el insufrible jefe o compañero de trabajo con el que debemos compartir la jornada laboral. ¿Cuál es la actitud que tomamos frente a este tipo de situaciones?. Nuestra respuesta es importante porque en gran medida determinará la predisposición a tener un buen o un mal día, a estar de buen o mal humor.

La cuestión genética

Solemos escuchar que cuestiones como el bienestar, el éxito, la felicidad y la actitud frente a la vida depende de nosotros mismos pero, ¿hasta que punto es cierto?. Sonja Lyubomirsky, profesora del Departamento de Psicología de la Universidad de California, ha dedicado gran parte de su investigación a responder a esta pregunta a través de su fórmula 50-10-40%. En ella revela que, al igual que sucede con determinadas enfermedades, el 50% de los rasgos personales vienen determinados por la genética que heredamos. Un 10% estaría determinado por el entorno en el que vivimos y el ambiente en el que nos desarrollamos como la familia, la cultura, la situación social y económica, etc. Y que hasta un 40% de nuestro bienestar dependería directamente de nuestra actitud, talante, creencias, valores y acciones voluntarias.

A la luz de estos datos podemos deducir que los genes juegan un papel importante, como si se tratara de un software que traemos de fábrica. Sin embargo, nuestro libre albedrío nos permite hasta un 40% de maniobra para influir de forma decisiva en nuestro bienestar y calidad de vida.

La actitud es una elección

Imagina que pudiéramos controlar en un 40% el tráfico en nuestro camino al trabajo, ¿no sería fantástico?. Pues lo mismo sucede con nuestra felicidad. Nuestros pensamientos, emociones y conductas no dependen de otras personas o de lo que sucede a nuestro alrededor. La forma de percibir el mundo e interpretar la realidad nos lleva a responder de una manera u otra. En palabras de Bruce Lipton, conocido biólogo celular estadounidense y autor del bestseller “La biología de la creencia”, las personas no vemos el mundo como es, vemos el mundo como somos. Por lo tanto, si cambiamos nuestras percepciones también cambiará nuestra realidad.

En este sentido, todos tenemos el extraordinario potencial de construir la vida que deseamos en función de las creencias que determinan nuestra actitud ante la vida y sus eventualidades. Como ocurre con el “efecto placebo”, si pensamos que algo es bueno y positivo para nosotros nos sentiremos mejor. La química que desencadenan actitudes como el optimismo, la gratitud, la compasión o el amor cambian nuestra forma de sentirnos y de relacionarnos con las personas y el entorno. Sin embargo, este mecanismo también sucede a la inversa, el llamado “efecto nocebo” nos lleva a sufrir los efectos adversos, los síntomas físicos y emocionales de nuestras creencias negativas.

Tanto si piensas que puedes, como si piensas que no puedes, estás en lo cierto. Esta frase célebre de Henry Ford ilustra nuestra posición privilegiada, la de elegir consciente y voluntariamente nuestros pensamientos y emociones. Las personas no somos víctimas de las circunstancias, tenemos la libertad y responsabilidad de elegir como queremos sentirnos y responder frente a estas circunstancias. Si eliges ver el mundo como un escenario lleno de amenazas y peligros probablemente vivirás con el temor a sufrir, con el miedo a tomar decisiones o a equivocarte. Por el contrario, si eliges vivir en un mundo lleno de amor, oportunidades y aprendizajes, posiblemente desarrolles valiosas fortalezas como el optimismo, la resiliencia o la perseverancia para alcanzar tus metas.

Diseñados para el éxito

Resulta fascinante, a la vez que desafiante, descubrir que no existe una fórmula mágica para conseguir el éxito y la felicidad. Todo depende de cómo nos adaptamos a los cambios y acontecimientos que suceden en nuestra vida. Nuestro estado natural es sentirnos bien, nacemos con una predisposición innata a buscar el bienestar, pero con frecuencia nuestra mente racional nos complica la tarea llevándonos al desánimo, pesimismo y desmotivación. Nos conformamos con lo que nos toca vivir sin darnos cuenta del amplio abanico de opciones y posibilidades que, incluso, la más dramática de las situaciones nos ofrece.

Entrenar nuestra actitud vale la pena, no sólo porque sentirnos felices es agradable sino porque de ella dependen los resultados exitosos que cosechamos en nuestras relaciones y en nuestro entorno laboral. La actitud es poderosa, no se compra, no se hereda, sólo depende de ti.