el charco hondo

Flores en el ático (1)

Si de flores va la cosa, un pacto a cuatro exigirá los mismos cuidados que una planta de interior con flor. Quienes van a protagonizar el autoproclamado pacto de las flores necesitarán mucha luz, pero no directa. Un Consejo de Gobierno de cuatro colores es una planta con raíces poco desarrolladas que no debe acumular discrepancias en el embudo y que, para evitar hongos y tensiones, tanto los riegos como los riesgos deben espaciarse en el tiempo. Los pactos a cuatro y las plantas de interior con flor llevan muy mal los cambios bruscos de temperatura o parecer, y han de posicionarse sin mojarse en exceso. Una planta de interior con flor luce bien, pero exige muchos cuidados; caso contrario, en apenas unos meses el Gobierno será noticia no por lo que se hace sino por lo que se discute. Como en Flores en el ático, este pacto nos introduce en la vida temprana de cuatro personajes; solo una correcta gestión de los acontecimientos (y de las curvas que vendrán) evitará a los firmantes continuar con la saga, Pétalos al viento, Si hubiera espinas, Semillas del ayer y Jardín Sombrío. Saben los padres del pacto que la expectativa que están generando es tan mayúscula, e inédita, como grande la dificultad de hacer realidad aquello que resume la razón de ser del acuerdo: demostrar que es posible hacer las cosas de otra manera, mejor. No lo van a tener fácil porque cambiar las cosas es una tarea titánica, compleja; y todo lo que no sea cambiarlas, mejorarlas, será leído como un fracaso (y una decepción enorme) a pie de calle. Llegarán las diferencias. Asomarán los recelos. Florecerán desconfianzas. Verán la luz las dificultades del día a día de cualquier pacto, en este caso multiplicadas no por dos sino por cuatro. De ahí que el perfil de los consejeros, y sobre todo el papel del segundo escalón del inminente Gobierno (los fontaneros), vayan a jugar un papel esencial para evitarle al pacto más contradicciones de las inevitables o más dolores de los imprescindibles. Ángel Víctor Torres, Román Rodríguez y Casimiro Curbelo deberán exhibir cintura, madurez y generosidad, porque solo así será posible un pacto que obligará a sus principales actores a perder algunas plumas por el camino. Si de flores va la cosa, Torres, Rodríguez y Curbelo deberán recordar que a las plantas de interior con flor la luz directa acaba quemándolas.

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