el charco hondo

Flores en el ático (2)

Los firmantes del pacto de las flores tienen por delante la obligación de demostrar que son capaces de hacer las cosas de otra manera. De Torres, Román Rodríguez, Curbelo y Podemos (la posición de la Organización marcará más que Noemí Santana, con menos peso en su partido que los anteriores) dependerá la buena o mala salud del pacto naciente. Tampoco lo tendrán fácil quienes perdieron el tren del gobierno en los minutos de descuento. Coalición y PP han quedado en el arcén con el rostro cubierto de heridas, digiriendo una realidad aún irreal a sus ojos. Sus flores marchitaron repentinamente, en apenas unas horas, no demasiadas, pocas, horas en las que Casimiro Curbelo confirmó que el centro-derecha no estaba en condiciones de garantizarle los treinta y seis votos que exige la investidura. Con Fernando Clavijo fuera del Gobierno porque así lo exigía Ciudadanos (circunstancia que enfrió la empatía de Curbelo por el pacto de centro-derecha), el pacto de la izquierda floreció el viernes de autos porque, espejismos al margen, CC y PP estaban más lejos de esos treinta y seis escaños que dos semanas antes. Las garantías de Cs nunca llegaron al teléfono de Curbelo por la sencilla razón (silenciada, pero cierta) de que Cs había decidido desmarcarse definitivamente del pacto Coalición-PP. Hubo más. A Curbelo se le agotó la paciencia cuando, a raíz de sus aquelarres internos, tampoco el PP podía ya asegurar el apoyo de sus once diputados, con lo que, aliños literarios a un lado, la realidad fue que cuando Curbelo subió a la quinta planta del Parlamento, para reunirse con Torres, Román Rodríguez y Noemí Santana, el pacto CC-PP solo le ofrecía el apoyo de entre treinta y treinta y cuatro diputados. Punto final. Ahí acabó la novela. Un libro se cerró, otro echo a andar. El feo que los suyos hicieron a Asier Antona enterró cualquier opción para un acuerdo de centro-derecha, abriéndole de paso al PP un boquete de los que dejan marca para siempre. Antona pasó en apenas unas horas del cielo al infierno. El PP cometió un error que los tendrá años pagando en las Islas la factura de tan cinematográfico filicidio. Teniendo mal encaje quedarse fuera de un Gobierno que tocaron con los dedos, no es ese el principal problema que ahora tiene el PP sobre su mesa. El dolor no es tanto no ocupar responsabilidades de gobierno como continuar su travesía del desierto deprimido, desmoralizado, con sus flores quemadas por haberlas dejado demasiado expuestas al sol equivocado.

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