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La Villa de Garafía y San Antonio del Monte. Una gran fiesta en la primavera de la isla de La Palma (II)

En esta edición de 2019, las fiestas se concentrarán entre el viernes día 13, onomástica del santo, hasta el domingo día dieciséis
Imagen de la feria ganadera de San Antonio Monte, Garafía, en el siglo pasado. Archivo:J.G.R.E.
Imagen de la feria ganadera de San Antonio Monte, Garafía, en el siglo pasado. Archivo:J.G.R.E.
Imagen de la feria ganadera de San Antonio Monte, Garafía, en el siglo pasado. Archivo:J.G.R.E.

Por José Guillermo Rodríguez Escudero

En este bello paraje, a mediados de junio (según las ediciones en torno a la onomástica del santo portugués, Patrón de Lisboa), su gran imagen de tamaño natural, junto a la pequeña de San Isidro Labrador -advocación eminentemente agrícola y ganadera-, son llevadas en procesión a lo largo de un itinerario engalanado con magníficos arcos triunfales que forman una “calle” entre la concurrida ermita y el lugar techado donde se refugian las bestias mansas. Éstas, bien amarradas, pacen tranquilamente mientras son observadas por multitud de curiosos. El pastor garafiano, por supuesto, está presente en esta especial celebración.

En esta edición de 2019, las fiestas se concentrarán entre el viernes día 13, onomástica del santo, hasta el domingo día dieciséis. El día más concurrido será el sábado día quince. En el variado programa se publican numerosos actos: el Concurso Insular de Quesos Artesanales Palmeros, el XIX Concurso Insular de Vinos con Denominación de Origen de La Palma, III Concurso Regional de Vinos Ecológicos, IX Feria de Artesanía de San Antonio del Monte, X Open de Ajedrez, verseadores, Feria Insular de Ganados, carrera de caballos, encuentros de parrandas, degustaciones de productos típicos, paseos musicales, verbenas, misas, procesiones, XII Concurso Monográfico de Perro Pastor Garafiano (emblema viviente de este orgulloso pueblo, en honor al palmero ilustre Antonio Manuel Díaz Rodríguez), etc.

El trayecto entre la ermita y el lugar donde se expone el ganado, por donde tiene lugar la procesión con el santo, está engalanado por los tradicionales arcos, rematados por banderas españolas y canarias. Sus líneas son rectas: “la parte superior horizontal, que une las paralelas verticales, reproduce motivos próximos al neoclásico, con líneas triangulares o verticales, que son cubiertas en su totalidad con monteverde”. (Hernández Pérez).

Es la fiesta de ganaderos por antonomasia. Se la considera la más antigua e importante. Es muy curiosa la puja de oferta y demanda una vez que el Santo bendice los animales. Junto a estos arcos es tradicional construir ventorrillos o mesones de palos y ramas de faya y aceviño.
Una fiesta muy arraigada desde antiguo en el calendario festivo de La Palma, no en vano el Santo ha sido calificado como “abogado de los objetos perdidos” y al que se le reza mientras se coge el cordón de su cinto, no sin antes introducirle una propina en su alcancía, para encontrar “un buen partido” (novio o novia).

De entre todo el santoral, uno de los que goza de mayor devoción por el pueblo palmero es, sin duda, este santo. Es raro el templo que no cuente con una imagen del franciscano. Algunas de excelente factura, como la efigie barroca de Puntallana (de Hita y Castillo), o algo más sencilla, como la de Puntagorda (que porta sólo un libro). Son curiosas las tallas de la Galga (el Niño descansa sobre un lienzo blanco) o la de Tijarafe (con un libro abierto que sostiene con ambas manos). Otras, como la delicada escultura del Santuario de Las Nieves, inclinan la cabeza sobre Jesús, mientras que la de la ermita del Carmen, también en la capital palmera, tiene un semblante más inexpresivo. El santo de Argual es más flexible y lleva una azucena, como también la gigantesca imagen del existente en el templo franciscano de Santa Cruz de La Palma, procedente de Sevilla a finales del siglo XVI.

 

 

 

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