El charco hondo

Marcianos

Hace cosa de un mes se apuntó, aquí, en estas líneas, que algunas voces científicas consideran que allá donde las condiciones sean propicias es posible la vida lejos de nuestro planeta (aunque solo en formas básicas, y difícilmente inteligente). También se citó a quienes avalan la hipótesis de que esa vida puede surgir en un ...read more →

Hace cosa de un mes se apuntó, aquí, en estas líneas, que algunas voces científicas consideran que allá donde las condiciones sean propicias es posible la vida lejos de nuestro planeta (aunque solo en formas básicas, y difícilmente inteligente). También se citó a quienes avalan la hipótesis de que esa vida puede surgir en un lugar y extenderse más tarde a sistemas ajenos al nuestro; o a otros que, más cautos, advierten de que no se reúnen evidencias suficientes para asegurar (ni desmentir) la presencia de moléculas orgánicas en el espacio. Aquel día, allá por el dieciséis de mayo, concluí que sí, sumándome a las teorías que dan por cierto que los extraterrestres existen. Dije, y me reafirmo, que viven a cuatrocientos millones de años luz de nuestra realidad, tienen un sueldo mensual de 8.758 euros brutos (que multiplicados por doce meses se ponen en 105.096 euros anuales), quedándoles una vez hechas las deducciones fiscales correspondientes una paga mensual de más de 6.600 euros, cantidad que se ve galácticamente mejorada por lo que los astrólogos denominan 4.342 euros al mes de dieta fija para gastos generales, a añadir a los 6.600 euros ya indicados. Sí, dije que los extraterrestres existen, son eurodiputados y viven en Bruselas. Cuatro semanas después de aquella reflexión (sobre las hipótesis de que se den o no condiciones que se traduzcan en señales procedentes de sistemas extraños al de nuestro planeta), asoman elementos que confirman que también en Madrid, en las Cortes, hay vida extraterrestre; parlamentarios que viven a millones de años luz de la realidad que los terrícolas afrontan cada vez que bajan de la cama por la mañana, bien temprano. En Madrid viven marcianos que alunizaron en sus escaños el 21 de mayo, y aunque desde entonces han estado sin hacer prácticamente nada de nada, empezaron a cobrar 2.972 euros al mes (cantidad a la que hay que añadir complementos e indemnizaciones que oscilan entre los 1.921 euros y los 917 euros); inactividad, la suya, que se prolongará a todos los efectos hasta después de sus vacaciones, sideralmente pagadas. Los parlamentarios van a recibir de mayo a septiembre unos 12.000 euros sin que haya arrancado de facto la actividad en las Cámaras. ¿Quién dijo que no hay vida inteligente a millones de años luz del planeta que habitamos los contribuyentes?