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Más mamadera

A ver si soy capaz de explicarlo en 300 caracteres. Juan Guaidó, presidente (sí pero no) de Venezuela (más bien no), se ha visto sorprendido por la mamadera de dos de sus afines en Colombia, que tenían que velar por la manutención y el alojamiento de venezolanos exiliados en ese país. Resulta que hay entre 1.000 y 1.500 soldados desertores de Maburro en la frontera y un número no determinado de civiles huidos. Rosanna Barrera y Kevin Rojas tenían que atenderlos en sus primeras necesidades y desde Venezuela les mandaron 90.000 dólares para ello. Es de suponer que de la ayuda americana, aunque esto sea sólo un suponer. En vez de emplearlo en sus destinos finalistas, los citados se pegaron la buena vida, que tuvo que ser muy buena porque Kevin está gordo como un cochino, con perdón para los cochinos. Y la Rosanna resultó ser una viva de mucho cuidado, familiar como es de una persona muy cercana a Guaidó. Alquilaron coches, compraron ropa para los dos, se gastaron 1.000 dólares en una cuchipanda (que ni chiquita cuchipanda, porque con 1.000 dólares en Colombia se come dos meses) y así. Ahora se les investiga, pero el mal está hecho. Mientras, los colombianos protestan: los hoteles de acogida están sin pagar y un montón de comida que ha sido consumida por los refugiados está igualmente en el apartado del baracalofi. Cómo dice la policía cubana cuando trinca a un tipo haciendo una pintada contra los Castro, “¿qué pasa aquí, caballero?”. Pues que me da que todos son iguales y que cuando les pones un duro en la palma de la mano, la mano se cierra a la velocidad de un zepelín. Como Guaidó siga repartiendo por el mundo esos embajadores chimbos va a tener que dimitir antes de tomar posesión. Y sería una pena.

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