superconfidencial

Olores

Ustedes no tienen por qué saber que yo soy muy sensible a los olores. E identifico mi entorno, con los ojos cerrados, siguiendo la estela no precisamente agradable de ciertos efluvios urbanos. La calle Iriarte del Puerto de la Cruz, al final, cerca de Bambi, huele a meados. No sé si porque la gente micciona […]

Ustedes no tienen por qué saber que yo soy muy sensible a los olores. E identifico mi entorno, con los ojos cerrados, siguiendo la estela no precisamente agradable de ciertos efluvios urbanos. La calle Iriarte del Puerto de la Cruz, al final, cerca de Bambi, huele a meados. No sé si porque la gente micciona en los portales o porque existe un árbol en la zona cuya flor, al desprenderse y ser pisada, desprende un olor similar al orín. La calle Zamora, en la que vivo, huele a bosta de vaca después del paseo romero del otro día. ¿Motivo?: a la hora en que escribo, cinco días después del desfile penoso, no la han baldeado. La plaza del Charco lleva años sin ser repasada, fregada con jabón y restregada con cepillo de cerda gorda. El otro día, mi perrita se quedó pegada al suelo y hube de recabar la ayuda de un municipal para poderla rescatar. Podría ocurrir lo mismo con un niño. La calle de las tiendas, o de San Juan, lleva tantos meses abierta en canal que ya podría quedarse así, tan asombrosamente fuera del plazo de entrega como está. Y las estatuas reciben tantas cagadas de palomas que parecen envejecidas y vivas, lo que les da un cierto toque humano. Reconozco el olor de los manteros y de la maresía, pero son aromas inevitables y me rindo. Todos los perros mean en la poceta anexa al Instituto de Estudios Hispánicos; es curioso. De vez en cuando alguien debería echar allí una especie de detergente cultural. Menos mal que en el muelle reinan los churros del Macana, que son los mejores del Valle y este sí que es un olor agradable. Yo tiraría el muro de enfrente, pero dicen que es histórico, porque en su trasera mean los guiris, que no encuentran un váter público porque no existe.