después del paréntesis

Rivera

En llegando a la formación de gobiernos o a los gobiernos mismos tras las elecciones, un componente se muestra perverso e incluso deplorable. Y es que los líderes y portavoces (aquí de la derecha camuflada) pretenden hacernos creer que no importa que se nos reconozca como imbéciles, “¡no pactamos, no pactamos!”. Sus estrategias programáticas lo sancionan: del lado de allá los señalados, del lado de acá los que no se enteran de nada. Y proclaman sus convicciones: o no estamos preparados para comprender (dada la altura de las proposiciones y su complejidad) o tendremos problemas graves de salud si lo vislumbramos. El primer paso de la rueda fue Andalucía. No está por demás entendimientos precisos (incluso legislativos, como va a ocurrir) con la ultraderecha de Vox, esos que en los últimos días han proclamado que (como gobernarán en el lugar en el que se celebra, Madrid) se acabó la fiesta pública del Orgullo Gay. La cuestión es Ciudadanos. Esos que partieron de posiciones socialdemócratas y se han ido descubriendo: ante la idea de Estado que compartimos, le restarán competencias a las autonomías cuando no impondrán el idioma patrio, el español, frente a las otras lenguas. Cierto que no se han dado en proclamar la cruzada del Dios católico, pero por el camino que van llegarán. Y que el matrimonio es el matrimonio heterosexual (por eso Rivera ha conquistado a una cantante), el aborto es un asesinato o nuestros hijos han de volver al cuartel para hacerse hombres. Lo que ese partido unipersonal (Rivera y su representante dilecta, la Arrimadas) muestra es que una cosa es lo que superficialmente exhiben y otra lo que han de conseguir: ni agua para el PSOE frente a los acuerdos soterrados con Vox para… No quieren revelarlo (de ahí lo de imbéciles), pero Ciudadanos (no Vox) es el imprescindible para el tripartito. ¿A cambio de qué? Del poder en ideología manifiesta. Y reconocimiento en su deriva. ¿Qué dirán los partidos liberales de Europa que condenan pactos tales? ¿Podrá el PSOE negociar con un partido tal entre sus filas? ¿Y si eso ocurriera, que Macron, para tratar con Sánchez, pusiera en su sitio a los adefesios? Dirán (Rivera/Arrimadas) que esos no son modos, que no es lo que parece, que ellos no han encumbrado a Vox sino lo contrario, a tercera fila al cuidado de Casado, que si no consejeros o ministros. Hay cosas que no se pueden soslayar, entre ellas la poca vergüenza. Pero no nos desesperemos; las urnas lo mostrarán, para desgracia del mamarracho.

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