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Clavijo da la espalda a Paulino Rivero y refleja el cisma en CC

La entrevista de Rivero al DIARIO en la que acusó a Clavijo, Alonso y Oramas del “descalabro” en Coalición origina el grave desencuentro de ayer en la toma de posesión de Ángel Víctor Torres
Fernando Clavijo da la espalda de forma intencionada a Paulino Rivero, ayer, en la sede de Presidencia, poco antes de la toma de posesión de Ángel Víctor Torres. Foto: Sergio Méndez
Fernando Clavijo da la espalda de forma intencionada a Paulino Rivero, ayer, en la sede de Presidencia, poco antes de la toma de posesión de Ángel Víctor Torres. Foto: Sergio Méndez
Fernando Clavijo da la espalda de forma intencionada a Paulino Rivero, ayer, en la sede de Presidencia, poco antes de la toma de posesión de Ángel Víctor Torres. Foto: Sergio Méndez

Si alguien tenía duda alguna sobre lo profundo del cisma interno que se vive en Coalición Canaria tras el inédito desplome institucional que ha sufrido la otrora hegemónica formación política, basta con ver la reacción del ya expresidente autonómico, Fernando Clavijo, al coincidir ayer en Presidencia del Gobierno con su antecesor y compañero de filas, Paulino Rivero, sin duda la figura clave que supo articular como partido a lo que no era más que una amalgama de siglas y sensibilidades diferentes.

Clavijo, que sí saludó a Ángel Víctor Torres, dio la espalda ostentosamente a Rivero, justo la primera vez que se veían en público después de que DIARIO DE AVISOS publicase el pasado lunes una entrevista con el sauzalero en la que este se hacía eco del sentir de no pocos en Coalición Canaria y de la práctica totalidad de los analistas políticos de relevancia en las Islas: que el fracaso para CC en las negociaciones de las distintas instituciones son responsabilidad del propio Fernando Clavijo, Carlos Alonso y Ana Oramas.

Porque, al igual que pasó durante las negociaciones, la resistencia de Clavijo a asumir responsabilidades por semejante fracaso son el más claro augurio de que la crisis de CC irá a peor cada vez más, por cuanto nadie puede imaginarse que el anunciado adiós del actual secretario general, el majorero José Miguel Barragán, servirá como regeneración y modernización de un partido en el que sigue estando pendiente una renovación generacional que termine de centrar al partido. La primera en agitar el avispero del cisma fue Ana Oramas, que aireó la comisión de “errores” y la necesidad de cambiar “liderazgos”.

Precisamente, ayer fue Barragán el que dio explicaciones desde CC sobre el futuro inminente de esta organización y de la entrevista concedida por Paulino Rivero a este periódico. Como es habitual en este político majorero, la prudencia lo guió a la hora de responder que “por ahora se mantiene la hoja de ruta” prevista por el consejo político nacional de la formación en cuanto a convocar el próximo congreso de los nacionalistas en 2020.

Barragán recordó que en octubre de este año habrá una conferencia de CC y, en función de los pareceres que allí se expresen, se decidirá si el congreso se adelante “un par de meses”, pero insistió en que por ahora no se pretende variar el calendario. Sin duda, en ello tendrá que ver también la posibilidad de que en otoño se celebren unas nuevas elecciones generales, una decisión del presidente estatal en funciones, Pedro Sánchez (PSOE) que, quieran o no, marcará la agenda a toda la clase política de este país.

Respecto a Rivero, con quien compartió Gobierno y dirección orgánica de CC, Barragán supo zafarse del compromiso con una lacónica frase: “Sobre ese tema no comento ningún tipo de declaraciones, cada uno se expresa como cree conveniente”.

Pero lo cierto es que la posibilidad de que la crisis de CC se cierre en falso con Clavijo al frente (ahora, sin la pausa que siempre aporta ese especialista de los fogones como es Barragán) no deja de ser todo un problema para la Comunidad, donde a nadie se le escapa que hay un espacio político enorme para el nacionalismo integrador. De entrada está la pesada herencia que conlleva ser la cabeza visible del mayor desastre en la historia de un partido que nació directamente en el poder. Por otra, el complejo panorama judicial que espera al lagunero, quien puede resultar inhabilitado con una sentencia condenatoria del caso Grúas que le impediría ser candidato aunque la misma no sea firme (como ha marcado doctrina el Tribunal Supremo) deja a Coalición con el riesgo de tener que reinventarse, cuando menos antes de las próximas elecciones locales y autonómicas.

Porque, como bien dice Rivero, “en cuatro años la gente es muy capaz de olvidarse de un partido que no gobierna”.

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