tribuna

Cumbre nacionalista, debate abierto

Como ya dijimos hace algún tiempo, no fue más fácil en la primavera de 1993, cuando nació Coalición Canaria en su versión amplia, a pesar de que esa unificación contó con la inmediatez de la aritmética parlamentaria de entonces que conllevaba poder real, gobierno de las instituciones como premio a los esfuerzos ideológicos respectivos. Todos […]

Como ya dijimos hace algún tiempo, no fue más fácil en la primavera de 1993, cuando nació Coalición Canaria en su versión amplia, a pesar de que esa unificación contó con la inmediatez de la aritmética parlamentaria de entonces que conllevaba poder real, gobierno de las instituciones como premio a los esfuerzos ideológicos respectivos. Todos cedieron en aquella primavera nacionalista en la que en parte se volvía a recuperar el auge de la UPC durante la fugaz legislatura 1979-1983.

No será fácil ahora, ni en los próximos años, pero el deber del nacionalismo canario no rupturista con el Estado español o la Unión Europea es intentarlo sin descanso, y, si es preciso, introduciendo otras dinámicas más allá de los órdenes cerrados de los partidos oficiales. Propiciando un movimiento de reflexión suprapartidista con personas capaces de facilitar un diálogo fluido por encima de obediencias debidas o de adhesiones inquebrantables.

Estatutaria y congresualmente, desde el PNC venimos planteando e insistiendo en esta necesaria unificación y nos ha parecido conveniente convocar una cumbre nacionalista, un debate abierto, no de partidos políticos, sino de personalidades vinculadas a la historia del nacionalismo reciente con el fin de analizar lo que ha podido suceder desde 1993 hasta aquí, lo que sucede en este momento y lo que podría y sería deseable que sucediera en el futuro con fuerzas políticas que tienen como objetivo lo que ya los refundadores del PNC, Bernardo Cabrera Ramírez o Antonio Pérez Voituriez, dejaron escrito en 1982: “El pueblo canario, por sus peculiaridades geográficas, históricas, sociológicas, económicas y culturales, y por su relevante situación internacional, constituye política, cultural, étnica y sociológicamente una nación, y por tanto el Archipiélago Canario debe constituir una Comunidad Archipielágica que goce del máximo autogobierno político y sea dotada, con los más amplios poderes, de un marco jurídico-político-administrativo nuevo en el Estado y en la Comunidad Internacional, y terminar con el colonialismo que supone el centralismo político y administrativo y las dependencias económicas y culturales que dominan la realidad de Canarias”.

La aprobación en 2018 de un Estatuto de Autonomía renovado y de la actualización del Régimen Económico Fiscal no se ha traducido aún en una aplicación práctica de dichas normas. En parte porque desde el Gobierno del Estado no se ha respetado nuestro nuevo estatus.
Quizá el debate nacionalista que pretendemos provocar deba empezar por un cuestionamiento de esa situación en el contexto del complejo siglo XXI que transcurre, donde Canarias, como nación atlántica, debe seguir fortaleciendo su personalidad política con más fuerza que nunca.