despuÉs del paréntesis

La biografía

Uno de los seres de este mundo que con más empeño pretendió ajustar la biografía fue el papa Pío IX. Miembro de la noble familia Mastai Ferretti, se tiene por uno de los pastores universales más fundamentalistas de la Iglesia católica. En el año 1854 instituyó el dogma de la Inmaculada Concepción. Si catolicismo y sexo no se dan la mano, la madre de Cristo no pudo conocer varón. En el Concilio Vaticano I instituyó la infalibilidad papal. Hoy es beato. Lo que nos interesa aquí es que viajó a América en la etapa previa a su pontificado (1846-1878). De esa visita surgió una idea que quiso dotar al ser elevado a sumo pontífice. La doctrina universal podría correr peligro en el llamado Nuevo Continente. Necesitaba un santo para sostenerla. Un nombre: Cristóbal Colón. Eso pretendió y así actúo la Santa Sede en oficio. Casi lo logró. Salvo que murió y quien lo sucedió, León XIII, convino en nuevas luces y se negó a dar crédito a semejante
desatino. El abogado del diablo se avino a razón frente a la presión del antedicho. Lo que Pío Nono intentó es siniestro, eso que eleva a categoría la ultraderecha de este mundo: las elipsis o, por la moral organizada y dominante, atender solo a lo ejemplar. Si Colón hubiera alcanzado la estima de Pío IX, hoy conoceríamos a alguien que no existió. Por ejemplo, dudaríamos de que, como esclavista, trajera indios a la corte para exhibirlos o para venderlos en Sevilla, que fue uno de los hombres más codiciosos de este mundo, que tuvo mujer sin matrimonio con hijo (Hernando) o que fue un mentiroso compulsivo. Eso Mastai (Pío IX) lo hubiera suprimido. Es la estima de los reaccionarios. De manera que si alguien confirma la verdad de otro individuo con datos reales que contradicen la dicha condición, el libro o la columna periodística no se ha de imprimir. Así, es posible que un poeta grancanario (que es mucho menos importante de lo que dice) o una poetisa de ese mismo lugar venida a menos tengan a bien sojuzgar la libertad de expresión y la realidad que se ha vivido, es decir, que confirmen lo que repudian, la verdad es cruel. ¿Quién la aparta de este mundo, Mastai o los siniestros susodichos? Vivimos para exponer y exponer es ratificar la esencia misma de quien reflexiona consecuentemente sobre otro. Si la palabra es prohibir, no tienen mando en esta plaza. La certidumbre histórica confirma la experiencia (la buena y la ruin) por lo que ocurrió. Y es que, pese a los latiguillos de la insolencia, eso somos, memoria.

TE PUEDE INTERESAR