Gastronomía

Pepe Herrera cierra después de cuatro décadas el popular Restaurante Los Troncos

El trabajo de Pepe Herrera fue distinguido en el año 1990 en la V Edición de los Premios de Gastronomía de DIARIO DE AVISOS como el mejor restaurante de cocina canaria

Hablar de gastronomía en Santa Cruz de Tenerife es referirse sin paliativos al restaurante Los Troncos, sito en la calle El Perdón de Santa Cruz de Tenerife. Lleva más de cuatro décadas abierto, con
José Herrera, más conocido por Pepe, al frente de esta casa de comidas ofreciendo platos que ya son emblemáticos como los huevos a la inglesa, que ya se echan de menos. Nacido hace 73 años en
Moya (Gran Canaria), Pepe Herrera ha sido un personaje que forma parte de la historia gastronómica de Tenerife. Primero abrió Casa Ramallo, en La Laguna, y luego en el año 81 inauguró Los Troncos en
Santa Cruz, con una cocina tipo castellana y canaria con productos de mercado.

El trabajo de Pepe Herrera fue distinguido en el año 1990 en la V Edición de los Premios de Gastronomía de DIARIO DE AVISOS como el mejor restaurante de cocina canaria. Aquí siempre se han bordado latos como el potaje de berros, los garbanzos, el conejo en salmorejo, el cherne a la plancha, o el bacalao encebollado, pero también la perdiz escabechada, el chuletón, la merluza o el rape. Pero si ha habido un plato emblemático que todos recuerdan son los huevos a la inglesa, una receta familiar, que han admirado sus clientes que ya van por la cuarta generación. El nombre se lo dieron por que “mi suegro era rubio con los ojos azules y parecía un inglés”, y añade Pepe Herrera que “la receta lleva circulando por la familia más de 150 años.” Este plato, junto con la culinaria de la casquería que ha ido desapareciendo de la restauración de Santa Cruz, quedarán pronto en la memoria de todos aquellos que han acudido a este restaurante.

Pepe Herrera, que ayer estaba apurando los últimos platos del menú del mediodía, comentó que cerraba el restaurante, pese a que en una entrevista concedida en enero a DIARIO DE AVISOS, señaló que “de
momento me gusta estar aquí me gusta el contacto con la gente, muchos ya no son clientes son amigos porque yo no considero esto como un restaurante, sino como una casa de comidas, que es lo que
había antes y ya se ha perdido.”

Se suponía que esta semana cerraba un mes para disfrutar del periodo vacacional, pero ha decidido poner fin al negocio. Las últimas medidas adoptadas por el Gobierno central le obligaban a cerrar dos
días y medio a la semana para cumplir con las libranzas de los trabajadores y han convertido en insostenible este modesto negocio por donde han pasado ilustres personajes como el rey emérito Juan
Carlos I o el escritor y premio Nobel de literatura Camilo José Cela.

Pero para Pepe Herrera “lo más importante ha sido los clientes del día a día. Estos son los buenos para mí. Yo me voy más por el pueblo”. Pepe Herrera siempre trabajó la cocina de mercado y concretamente
la de Nuestra Señora de África, donde se proveía del género fresco del día para elaborar el menú.

Los años de la crisis fueron muy duros para la restauración capitalina. Muchos cerraron sus puertas, mientras que otros, como Los Troncos lucharon hasta lo indecible para sacar adelante esta modesta casa de
comidas. En los últimos tiempos al mediodía el comensal tenía que estar avispado para encontrar mesa. Sin embargo “las noches, de lunes a jueves, son aburridas. No hay ni coches en la calle, es una
capital por la noche muerta”, me había contado hace un par de meses.

Hoy en día donde proliferan las cocinas extranjeras, Los Troncos se había convertido en una especie de oasis culinario donde se podían degustar los platos canarios y castellanos. Si con la crisis de las vacas locas desapareció la gastronomía de la casquería, Herrera la mantuvo y todavía la ofrecía en sus menús. Célebres son sus riñones al jerez, sesos rebozados, mollejas, callos etcétera, que hoy nadie guisa en Santa Cruz. Me cuenta Pepe Herrera que el restaurante ahora pasará a otras manos y que mantendrá la cocina canaria. Pero esa es otra historia que contaremos en otra ocasión.