Política

Se consuma el desalojo institucional de Coalición Canaria en las Islas

El fracaso del pretendido relevo generacional, su merecida fama como socios poco fiables y los problemas jurídicos de muchos de sus líderes han desembocado en una pérdida de poder pocas veces vista

Carlos Alonso (CC) atiende a la prensa tras ser presentada la moción de censura en el Cabildo de Tenerife. EP
Carlos Alonso (CC) atiende a la prensa tras ser presentada la moción de censura en el Cabildo de Tenerife. EP

La presentación de sendas mociones de censura en los Cabildos de Tenerife y La Palma, acaecida ayer, ha terminado por consumar un desalojo masivo de Coalición Canaria (CC) del poder en las principales instituciones isleñas, en un escenario inimaginable para un partido que, paradójicamente, nació a cuenta de la moción de censura que apartó a Jerónimo Saavedra (PSOE) de la Presidencia autonómica en 1993.

Lo cierto es que, si en las próximas dos semanas se consuman los relevos en ambas corporaciones insulares, que pasarán a ser dirigidas por Pedro Martín (PSOE) y Mariano Hernández Zapata (PP), respectivamente, CC estará en la oposición tras perder sus áreas de poder en cinco cabildos (los dos citados más Fuerteventura, Lanzarote y El Hierro con sus todavía socios de AHI); el Gobierno de Canarias y las únicas dos grandes ciudades isleñas a las que puede aspirar (Santa Cruz de Tenerife y La Laguna), dado que los coalicioneros son una fuerza irrelevante en Gran Canaria.

El principal motivo para semejante desplome institucional de un partido político concebido y creado para detentar el poder es, indiscutiblemente, la decisión soberana de cientos de miles de isleños, particularmente esperanzados por esta regeneración de la política isleña -prácticamente, un cambio de régimen-, pero ello no es óbice para repasar otras causas que expliquen lo sucedido.

Básicamente, la tremenda crisis a la que, inevitablemente, se ve abocada Coalición Canaria (ya empieza a escucharse, aunque lejano, el ruido de los sables entre sus filas) tiene mucho que ver con el fracaso de su pretendida renovación generacional, dado que los sucesores de históricos como Manuel Hermoso, Ricardo Melchior, Adán Martín y Miguel Zerolo no han logrado mantener su constante y masivo respaldo electoral. Tampoco ayuda a CC, precisamente, la continua relación de la imagen de sus principales dirigentes con casos de presunta corrupción, empezando por Fernando Clavijo y su triste plusmarca de haberse aferrado a la Presidencia de Canarias pese a convertirse en la primera persona que empaña semejante honor con su imputación por el caso Grúas.

Pero a todo ello también hay que hacer mención al fracaso de sus negociaciones postelectorales, donde no solo han pesado los errores cometidos (por lo visto, recurrir a Madrid ya no es suficiente para conservar el poder en las Islas) sino también su merecida mala fama de socios poco fiables, y si no que le pregunten a Patricia Hernández (PSOE), a quien Clavijo expulsó sin miramientos del Gobierno regional en 2016. Precisamente, ha sido esta socialista quien ha logrado la mayor victoria imaginable sobre CC al convertirse en la alcaldesa de Santa Cruz de Tenerife, una suerte de aldea gala para ellos y que nunca habían perdido desde, prácticamente, el franquismo hasta hoy.