Claves para brillar

¡Tu rostro te delata!

Seamos o no conscientes de ello, la comunicación no verbal juega un papel crucial en las relaciones sociales que establecemos cara a cara, e incluso en las interacciones en entornos virtuales

Más allá de las palabras existe un idioma universal que todos compartimos sin importar nuestra procedencia o cultura. El lenguaje del cuerpo traspasa fronteras y representa la forma más primitiva e innata que poseemos los seres humanos para relacionarnos y comunicarnos.

Seamos o no conscientes de ello, la comunicación no verbal juega un papel crucial en las relaciones sociales que establecemos cara a cara, e incluso en las interacciones en entornos virtuales. Tal es su influencia que afecta prácticamente a la totalidad de los mensajes que emitimos. Un gesto, expresión, postura o tono de voz particular pueden cambiar por completo lo que transmitimos, así como la imagen e impresiones que proyectamos a otras personas.

El espejo del alma

Cuando el poder comunicativo del rostro entra en juego sobran las palabras. Un ceño fruncido, una mirada desafiante, una sonrisa amable… ¡todo comunica!. El rostro es un gran escaparate emocional. De forma natural radiografiamos el semblante de las personas con las que interactuamos en busca de esas pistas silenciosas que nos ayuden a descifrar las conductas, reacciones y respuestas.

No es lo que decimos, sino como lo decimos. Realizamos juicios rápidos y nos formamos impresiones sobre los demás a través de lo que transmiten más allá del discurso verbal, especialmente a través de las caras, el espejo más transparente y sincero de nuestros verdaderos sentimientos. Una entrevista de trabajo, una foto de perfil, un interrogatorio o un mitin político… cualquier contexto puede ser idóneo para observar minuciosamente la conducta no verbal de un individuo y poner a prueba su credibilidad.

El rostro no engaña

Las caras atrapan nuestra atención e interés, mucho más que cualquier otra parte del cuerpo. La expresión facial tiene un impacto decisivo en las sensaciones y energía que irradian las personas, e inclinan la balanza del éxito o del fracaso en una negociación, un acuerdo, una presentación o una venta. Algo tan simple como discernir entre una sonrisa auténtica y una fingida puede marcar la diferencia.

Tendemos a pensar que somos capaces de controlar a voluntad todo lo que expresamos, quizás con el objetivo de sortear miradas indiscretas que desnuden nuestros sentimientos, deseos e intenciones. Fingimos, ocultamos, disimulamos y exageramos nuestras emociones para tratar de sobrevivir, protegernos, agradar o alcanzar nuestros propósitos pero no siempre lo conseguimos.

El investigador Paul Ekman, reconocido como uno de los psicólogos más influyentes del siglo XXI, llevó a cabo el estudio científico que logró demostrar que la expresión facial de las emociones básicas es innata y universal. Lo que quiere decir que, en cualquier lugar del planeta, todos mostramos y reconocemos las mismas expresiones de alegría, tristeza, miedo, asco, ira, sorpresa y desprecio. Un mecanismo que además se produce mayormente de forma involuntaria e inconsciente.

¿Esto nos convierte en polígrafos humanos?. No exactamente. Más bien nos convierte en “detectores de emociones”. Un talento innato que podemos entrenar y desarrollar para mejorar las relaciones sociales, aumentar la inteligencia emocional y enriquecer nuestro modelo de comunicación.

Reconocimiento facial

El rostro también es objetivo de la tecnología. El reconocimiento facial está a la orden del día en sistemas de vigilancia y seguridad. Se emplea en aeropuertos o lugares públicos, e incluso para desbloquear dispositivos móviles o validar transacciones bancarias. Pero la inteligencia artificial va más allá, también se emplea en el reconocimiento de las emociones humanas.

Algunos lo llaman “empatía artificial” y pronto estará disponible en coches inteligentes que detectan nuestros estados de ánimo para evitar accidentes, o en dispositivos de reconocimiento gestual que facilitan la vida de personas con dificultades o trastornos de comunicación. Empresas como Microsoft, Google, Apple, Spotify o Disney ya cuentan con sistemas propios de “monitoreo emocional” para estudiar e identificar nuestros gustos, preferencias o hábitos de consumo. Algo que sin duda no está exento de controversia.

Emojis o emoticonos

Dime que emoticonos usas y te diré como eres, ¿te sorprende?. Un estudio realizado por la Universidad de Edge Hill (Reino Unido) afirma que el uso de emoticonos o emojis revela aspectos de nuestro carácter y personalidad. Una extensión de la comunicación no verbal ya que, de forma simbólica, representan nuestros rostros, estados de ánimo y emociones. Se utilizan para matizar o enfatizar el tono de las conversaciones activando en el receptor las mismas áreas del cerebro que responden a estímulos emocionales de rostros reales. Algo que favorece la fluidez de las comunicaciones virtuales tanto personales como profesionales.

Desde luego, el mundo está cambiando y también lo hace nuestra forma de comunicarnos.

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