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El televisor

No sé si ustedes se han percatado del asunto, pero el mago y el elemento barriada, cuando se compran un televisor nuevo en un centro comercial, dan más vueltas que un trompo con el carro y la caja

No sé si ustedes se han percatado del asunto, pero el mago y el elemento barriada, cuando se compran un televisor nuevo en un centro comercial, dan más vueltas que un trompo con el carro y la caja para que los conocidos sepan de su poder adquisitivo. Pasa mucho en las vísperas de las fiestas de Navidad y Reyes. He visto pasar a mi lado al mismo mago, con el puto carro y el flamante televisor, hasta cinco veces, con la suegra, la mujer y el niño haciendo la comba detrás de la flamante compra. Para el mago, el televisor es el máximo exponente de su bienestar y hasta se sabe las tendencias del mercado, las claves para la calidad de las imágenes y todas esas zarandajas que se inventan las marcas para lograr un producto más avanzado tecnológicamente. El mago ha avanzado mucho en la cosa tecnológica, no crean que se ha quedado en el blanco y negro, qué leche. Además, la caja permanece años y años en el salón de los bajos de la casa, acaba llenándose de ratones y humedeciéndose con el agua que se filtra de los lados, así que hasta años después de la compra no manda la caja al contenedor de la basura. Es una caja absurda, que no sirve para nada sino para albergar al televisor y a los ratones. Estén ustedes atentos, si van a un centro comercial, a los andares del mago con televisor. Pasa también con elementos de cocina: microondas y hornos, pero deben ser de considerable tamaño. Al mago las cajas pequeñas no le llaman la atención. Lo grande es también el estatus. En ocasiones sube al niño al carro de la compra para que agarre el envoltorio de la tele. Porque cuanto más bulto, niño incluido, más se llama la atención.

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