tribuna

Los Rodeos, las nieblas y la palmera, por Manuel Luis Ramos García

Hace relativamente poco tiempo, apenas 70 años, un aviador llamado Luis Guil se hizo popular en su profesión al utilizar como referencia para la aproximación una palmera que estaba situada en la prolongación de la pista de Los Rodeos, lo que le ayudaba a poder aterrizar en los días de niebla

Por Manuel Luis Ramos García

Hace relativamente poco tiempo, apenas 70 años, un aviador llamado Luis Guil se hizo popular en su profesión al utilizar como referencia para la aproximación una palmera que estaba situada en la prolongación de la pista de Los Rodeos, lo que le ayudaba a poder aterrizar en los días de niebla. Con los medios técnicos de la época, esta maniobra era realizada con precisión y seguridad, pues el conocimiento de la zona le dejaba acercarse al campo en contacto visual con el terreno, hasta encontrarse con ”su palmera”. Ella era, según escribió la periodista Olga Darias, ”la guía, el faro, la amiga, la torre, la observadora y la testigo única de aquellos primeros aterrizajes. Con aquella silueta coronada por unas melenudas y rizadas palmas, daba una fácil señal de situación que permitía entrar con cierta seguridad en una perfecta maniobra de aterrizaje”.

Tenerife Norte esta situado en una meseta cuya elevación coincide con el nivel de condensación atmosférico en ciertas épocas del año, lo que determina la presencia de bancos de nubes estratiformes que entran de norte a sur, reduciendo la visibilidad en la pista y en la zona de aproximación. Esta situación meteorológica afecta a las maniobras de aterrizaje, que obligan a la tripulación de las aeronaves a interrumpir la ultima fase del vuelo, al no tener las referencias visuales requeridas al alcanzar la altitud mínima de seguridad. Las nieblas que afectan al aeropuerto de Los Rodeos están asociadas a la circulación de los vientos Alisios y a la inversión de temperatura, siendo mas frecuentes en el periodo estival.

Según estudios del Centro Meteorológico Territorial en Canarias Occidental, las condiciones atmosféricas que reducen la operatividad del aeropuerto son mas frecuentes en una franja horaria entre las siete y las nueve de la mañana en los meses de junio a septiembre, estando en torno a los 1000 metros de visibilidad y 90 metros de techo de nubes según las estadísticas, siendo coincidentes con los mínimos operativos de referencia del sistema de aterrizaje por instrumentos instalado actualmente, lo que repercute en ciertas condiciones en la imposibilidad de realizar el aterrizaje.

Las aeronaves modernas están dotadas de sistemas electrónicos que les permiten descender hasta altitudes que oscilan entre los 120 y los 15 metros, con visibilidades comprendidas entre los 1000 y los 50 metros, dependiendo de la fiabilidad de las ayudas terrestres. El sistema de aterrizaje por instrumentos está clasificado en tres categorías, según la precisión de sus características técnicas. La categoría II / III facilita una guía segura hasta altitudes de unos 15 metros con una visibilidad en torno a los 100 metros, pudiendo llegar en la máxima escala de tecnicismo y si la aeronave y la tripulación están debidamente preparadas, a efectuar aterrizajes totalmente automáticos. Esta categoría permite establecer unas limitaciones próximas a los 400 metros de visibilidad y 30 metros de techo de nubes, valores sensiblemente menores que los establecidos para ILS CAT I del que dispone actualmente el aeropuerto de Los Rodeos. Con estos datos, solo en un porcentaje mínimo las condiciones atmosféricas tendrán valores inferiores a las limitaciones referidas, permitiendo una regularidad y eficiencia en Los Rodeos que mejore la calidad del servicio al pasajero y mantenga las cotas de seguridad y economía de las compañías aéreas.

La llamada aeronáuticamente ”operación en todo tiempo” es el resultado de los avances técnicos que se han sucedido desde que los hermanos Wright lograron hacer volar un artilugio durante doce segundos en Diciembre de 1903.Poco mas de cien años de lucha contra la gravedad, desde el romanticismo de los primeros aviadores hasta el tecnicismo de los pilotos del siglo XXI.

La palmera ya no está, pero su leyenda sigue viva, pues los retoños que ahora podemos ver en días de sol y calma en la zona del Rancho Grande, nos conducen hasta la pista de Los Rodeos con el recuerdo de los pioneros de este apasionante mundo de la aviación. Ellos han sido los abnegados y románticos contribuyentes a los avances técnicos que han ido convirtiendo la aventura de volar en el medio de transporte más seguro. Esperemos que algún día nuestro aeropuerto esté calificado para operaciones con unas limitaciones de visibilidad menos restrictivas, que llevarán a las aeronaves a unos felices aterrizajes, tan bonitos y tan seguros como aquellos en los que “la palmera” fue testigo.

 * Manuel Luis Ramos García es piloto aéreo retirado

TE PUEDE INTERESAR