Por qué no me callo

Votos para una nueva década

Antes de que termine el año habrá, supongo, nuevos motivos de alarma: la sentencia del procés, el brexit salvaje del ogro Johnson… Se ha vuelto un hábito vivir sobre el polvorín, se acabaron los años de estabilidad y tregua que tanto dieron de sí y tanta buena prensa tuvieron en los mercados y la economía. […]

Antes de que termine el año habrá, supongo, nuevos motivos de alarma: la sentencia del procés, el brexit salvaje del ogro Johnson… Se ha vuelto un hábito vivir sobre el polvorín, se acabaron los años de estabilidad y tregua que tanto dieron de sí y tanta buena prensa tuvieron en los mercados y la economía. Ahora, en cambio, se estila una dinámica voluble y frágil, donde los momentos de calma son efímeros y cobran realce las salidas de tono y de pata de banco, las boutades de Rufián cuando era rufián, que ahora es tachado por los suyos de botifler (traidor) una vez domesticado de portavoz. El clima político es arisco y faltón. Rivera atribuye a Sánchez estar al frente de una “banda” y ser el señor del “botín”. Así que el vituperio avisa del ambiente preelectoral de rigor. Porque se denosta cuando vienen urnas, como un tic que va en el manual de campaña. Y es cierto que los nubarrones avisan de la meteorología política.

Las delegaciones territoriales del INE ya han comenzado a pedir a los ayuntamientos los datos censales y el listado de locales electorales, para tener, como pidió Sánchez a Santos Cerdán, la maquinaria lista para el 10-N. El 20-N se cumplirán 44 años de la muerte de Franco, cuyos restos serán exhumados como demolido -a lo que parece- el monumento que le honra en la Avenida de Anaga de Santa Cruz. O sea que diez días antes de ese aniversario palindrómico, seríamos convocados a desbloquear España mediante unas nuevas elecciones. No está mal. Votar, ¿qué hay mejor? Pero está también el hartazgo tras la sobredosis de urnas reciente. Votar nunca es una maldición Pero sí parece tal cosa que a Rajoy y a Sánchez les haya sucedido lo mismo con idéntica tropa (123 diputados). Al del PP, en 2015, el bloqueo de la investidura lo llevó a enfrentar una nueva batalla electoral y le resultó rentable, ganó adeptos y escaños y mereció la abstención del PSOE.

El déjà vu de Sánchez (Domingo Negrín los puso ante el espejo en el DIARIO en una viñeta de Suja y resulta que hubo una foto real de la escena) es una suerte de reencarnación de Rajoy, que en el Foro Premium de esta casa hizo revelaciones de aquellos días tan parecidos a estos de Sánchez en funciones y convino en que la estabilidad se alcanza tarde o temprano. Pero la política es inestable por definición. Italia, la movediza democracia de los gobiernos fugaces, nos parecía un caso extremo. Ahora cada vez somos más Italia, y, si las piezas encajan, iremos a elecciones en paralelo. Salvini censura a Conte para ir a votar por esas mismas fechas de otoño.

El contador electoral ya empezó a funcionar, ante la sospecha -más que razonable- de que el 23 de septiembre, la fecha límite, pueda no haber investidura y haya, por consiguiente, que disolver las cámaras y abrir las urnas el 10-N, camino de fin de año y de una década. En los cálculos de Sánchez, Iván Redondo y Tezanos salen unos 150 escaños para el PSOE, un batacazo de Cs, la leve remontada del PP, cierto descaecimiento de Podemos, retroceso de Vox y múltiples sorpresas en provincias: catalanes, valencianos, vascos, canarios… Si es cierto que Clavijo se resiste a salir fuera del foco en CC, lejano y solo en el Senado, quién se atreve a descartar que se abra el melón de la candidatura con la mismísima Oramas. Y Melisa hace cábalas con temores fundados sobre su continuidad. Pero nada esta escrito y es política, ese vaivén. Habrá entonces investidura y nos montaremos en 2020. Comienza una nueva década. Ahora uno piensa que todo encaja y tenía que suceder tal cual sucedió.