el charco hondo

Albert al desnudo

Fue a finales de septiembre, pero de 2006. Ciudadanos -Ciutadans, en sus inicios- presentó su cartel electoral, en el que aparecía su candidato a la Generalitat, Albert Rivera, de cuerpo entero, desnudo, tapándose los genitales con las dos manos. Aquel Rivera tenía veintisiete años, y se presentaba en sociedad comprometiéndose a reconciliar a la política con la ciudadanía. Trece años después de aquel cartel, y de la aparición en el escenario del debutante, únicamente queda la figura de quien, protagonista de un frustrado cuento de hadas, obsesionado por su apariencia encargó un traje que nunca lo fue, y desnudo de ideología o coherencia se conformó con que los suyos que le cuenten lo bien que le queda su prenda imaginaria, su relevancia imaginaria, su inteligencia imaginaria, su verdad imaginaria. Más de diez años después, Albert Rivera recuerda a El rey desnudo, de Andersen. La realidad ha desnudado a quien, después de unas largas vacaciones de sí mismo, absolutamente desentendido durante el verano de la situación que sufre el país, reaparece con una propuesta tan tardía como hipócrita y reciclada. Rivera ya solo vende motos a sus clones, que asoman a las tertulias o conceden entrevistas disfrazados de verdad absoluta, exigiendo que les cuenten lo bien que les queda un discurso que ya solo existe en sus argumentarios, interrumpiendo más allá de lo admisible, abusando de latiguillos aprendidos en un curso de fin de semana. Las encuestas anuncian que están en la antesala de la irrelevancia. Quienes prestaron el voto a Ciudadanos confiesan su arrepentimiento en oficinas, bares y bautizos, anuncian que vuelven a casa, al PP, partido al que los excesos verbales y la sobreactuación de Rivera están haciendo un favor impagable. Lleva meses contribuyendo con su absentismo a que la situación se pudra y ahora, regresando de sus vacaciones con una propuesta oxidada, pretende que agradezcamos su sentido de Estado. No cuela. Rivera no se la cree. Insulta la inteligencia de los ciudadanos de a pie intentado que compremos esa mercancía. Rivera, colaborador necesario de los gobiernos de Vox, ha quemado el artículo 155 de tanto usarlo. Crece la sensación de que a sus ojos Cs es un juguete que lo aburre a ratos. Predica lo que no hace, tiene a cargos y militantes abandonados en la cuneta de sus contradicciones, y encima espera que el país celebre lo bien que le queda su traje imaginario. Se cierra el círculo. Trece años Fdespués vuelve a estar como empezó: desnudo.

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