por qué no me callo

El ascensor de Rivera

La encuesta que publicamos ayer no llama a engaños. Una muy probable convocatoria electoral el 10 de noviembre hundiría a Ciudadanos en la ciénaga que antes deglutió a sus homólogos de centro en periodos menos concurridos de siglas del mismo cuño. El centroderecha español es ahora una amalgama de quiero y no puedo: los tres (Cs, PP y Vox) anhelan vivir su momento, como los partidos populistas de la nueva ola conservadora en Europa y América, que depara presidentes espurios y novatos como si tal cosa, y ese éxito fácil es tentador.

Antes, para aspirar a llegar a la Moncloa había que hacer la mili en la oposición, que, en ocasiones, se convertía en toda una travesía en el desierto. Salvo Felipe González, que dio el primer sorpasso de la democracia imitando al centro de Suárez cuando se despojó del lastre del marxismo, los demás presidentes se lo curraban con voluntad y estajanovismo. Pero, de pronto, en estos tiempos vacíos de fenómenos disruptivos tan de moda, todos los líderes quieren ser Bolsonaro, Trump o Salvini y de la noche a la mañana. Atrás queda el icono francés de centro por antonomasia, Emmanuel Macron, porque lo creen demodé y a la baja.

La encuesta de Sociométrica para EL ESPAÑOL/DIARIO DE AVISOS contiene las verdades del barquero que nadie en Ciudadanos se atreve a decirle a la cara a Rivera, que era la esperanza blanca del centroderecha español y ahora naufraga entre las aguas mezcladas del PP y Vox. Si España Suma (una suerte de frankenstein de la derecha) fuera posible el 10-N, tendría un buen resultado en el Senado y no tanto en el Congreso (la España roja frente a la España azul). Pero, dado que el invento no es del agrado de Rivera, solo queda el batacazo como la ignominiosa consecuencia de un viaje de sonámbulo hacia la nada del partido naranja que cambió de color por el gris, y que era hasta antes de ayer la alternativa que todos temían a izquierda y derecha. El sondeo estima en casi 20 diputados la pérdida de escaños de Cs, frente a los 16 que ganaría Sánchez para su causa, más el premio de poder conseguir mayoría absoluta si Podemos coadyuva.

El Papa se quedó atrapado en el ascensor y tuvieron que sacarlo los bomberos. A Rivera, cara de querubín, le ha pasado algo parecido. iba camino del cielo y se le ha averiado el invento en plena levitación. En Canarias prosigue el desagüe. Ayer se dio de baja la coordinadora del partido en Lanzarote, su candidata al Parlamento y referencia, Carmen Pellón. Suma y sigue Canarias. Las declaraciones de Matilde Zambudio a este periódico, el domingo, han creado cierto revuelo. Porque ponen de manifiesto la misma reflexión que hacía ayer Pellón en su adiós: “No es el partido de los valores al cual me afilié. Si me quedara sería como ellos, así que he decidido darme de baja”. Mariano Cejas, el excoordinador regional, ya había apuntado un propósito de enmienda semejante en otra portada del DIARIO: buscar caminos distintos para no incurrir en los mismos errores lamentables.

No son tiempos de mudaza. La ciudadanía recaba ayuda en dirigentes que le devuelvan la normalidad. España no era Italia, el país inestable por excelencia, pero lleva desde 2016 dando tumbos sin dar en la clave. Bastaba con investir a Sánchez,marcar los dígitos y echar a andar la legislatura. Y habríamos evitado lo que ya parece inevitable: que el ascensor se le pare a Rivera el día menos pensado: el 10-N.

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