Economía

Federico Aguilera: “El turismo en las Islas tiene que disminuir por razones de agua y de energía”

Catedrático de Economía Aplicada en la ULL

Federico Aguilera. DA
Federico Aguilera. DA

Catedrático de Economía Aplicada en la Universidad de La Laguna desde 1995, se especializó en Economía de los Recursos Naturales y del Medio Ambiente y posteriormente en Economía Ecológica. Fue pionero en introducir en España el estudio universitario que relaciona la economía y la ecología y también el verdadero impulsor de la incorporación de estas materias en la universidad lagunera. Sus aportaciones sobre economía del agua, la gestión de acuíferos y los trasvases en la Península, y en Canarias en torno a los mercados del agua han sido fundamentales. Precisamente en 2004, el Ministerio de Medio Ambiente le otorga el Premio Nacional de Medio Ambiente, en reconocimiento a su labor innovadora y crítica. Ha publicado decenas de artículos y trece libros. Su profundo conocimiento y su espíritu critico le han llevado a cuestionar las políticas desarrollistas de construcción de grandes infraestructuras en Canarias en las últimas décadas. Formó parte de importantes movimientos ciudadanos como Asamblea por Tenerife, desde los que luchó contra el Puerto de Granadilla, una de las más controvertidas y simbólicas obras del régimen de CC.

-En la actualidad ¿cuáles considera que son los problemas más importantes del mundo?
“Hace años que considero que hay tres grandes problemas, todos ellos relacionados entre sí. El primero fue señalado en 1987 por la Comisión Mundial de Medio Ambiente y Desarrollo en el llamado Informe Brundtland, al reconocer que la desigualdad en la toma de decisiones y en la utilización del capital ecológico por parte de los países industriales es el principal problema mundial. Esta desigualdad se refiere, en un lenguaje menos político, al saqueo del planeta por parte de los países industriales y al control e imposición de las reglas de juego por parte de estos países sobre los demás, como ocurre con los Tratados Internacionales. El segundo problema lo constituyen los hábitos de consumo.

“Los auténticos ‘problemas’, responsables de las pérdidas y daños ecológicos, los constituyen las pautas de conducta y de consumo de los seres humanos en la actualidad”, tal y como afirmaba en 1992 el Quinto Programa Comunitario de actuación en materia de medio ambiente: hacia un desarrollo sostenible, de la Unión Europea. Pero claro, estos hábitos de consumo no son innatos sino que son aprendidos e inculcados vía marketing, vía publicidad y vía educación. Y el tercer problema es la política tramposa y la traición a la comunidad por parte de los políticos que gobiernan para los grandes intereses y no para los ciudadanos. Este diagnóstico lo hace Cristina Narbona, cuando era Ministra de Medio Ambiente, en el Prólogo al Informe Recursos Mundiales 2004: “…No hay mayor amenaza para el medio ambiente que la demagogia, es decir, el engaño a los ciudadanos, el ocultismo intencionado de datos y decisiones, la manipulación interesada de la situación real de los recursos naturales y de las alternativas que existen para explotarlos adecuadamente (…) los políticos, los administradores públicos del medio ambiente, jugamos un papel fundamental a la hora de elegir entre la demagogia o la transparencia”. Si relacionamos los tres diagnósticos podemos ver con más claridad la situación en la que nos encontramos y lo difícil que va a ser abordarla pues requiere pensar en las personas y en el medio ambiente”.

-¿Qué opina de que por fin se empiece a hablar de políticas contra el cambio climático?
“Del dicho al hecho hay mucho trecho”, es un refrán bien conocido. Así es que nos toca pasar al “obras son amores y no buenas razones”. Vamos, que no se está haciendo prácticamente nada. Las declaraciones de Emergencia Climática son vacías si no se cuestiona que hay que cambiar los modelos productivos, los hábitos de consumo, entre ellos los de alimentación y transporte, y la política en un sentido amplio”.
-Usted ha sido uno de los grandes defensores de la sostenibilidad y la lucha contra las grandes infraestructuras como el puerto de Granadilla.

¿Cómo analiza todo el proceso y la situación actual?
“Los que defendían la construcción del Puerto de Granadilla sabían que no decían la verdad, y no se olvide que está saliendo el tema del reparto de comisiones del 3 % entre constructoras y políticos pero no se aborda lo más grave y es el 97 % restante, es decir ¿Por qué los políticos apoyan la construcción, con dinero público, de un puerto que sabían que era innecesario?”

-¿Cree que en Canarias es posible cambiar de la actual economía basada en la construcción y el turismo a una economía sostenible?
“No nos queda otro remedio pero no intentaremos hacerlo hasta que no tengamos la soga al cuello, más todavía. La creencia de que podemos seguir creciendo en construcción, turismo, en hoteles, en vuelos, en coches, etc…, nos lleva a profundizar en el colapso, en el que ya estamos metidos. Llevamos años colapsando con grandes beneficios privados para algunos empresarios y con muchas subvenciones públicas. Nos estamos cerrando opciones al seguir creciendo en términos de PIB y la posibilidad de revertir la situación disminuye cada año pues nos estamos haciendo, a pesar de todo, más dependientes del petróleo. Un auténtico disparate”.

-¿Cree que hay un verdadero interés en los cambios indicados por parte de los gobiernos estatal y canario?
“No. Ahora todo es apariencia y palabrería. Todo es Transición Ecológica y Declaraciones de Emergencia Climática pero las políticas no cambian, se quiere seguir vendiendo más coches, trayendo más turistas y construyendo más infraestructuras. Es lo que decía Cristina Narbona, que ella misma practicaba, pues apoyó la construcción del Puerto de Granadilla”.

-Usted ha escrito libros sobre el agua. ¿Cómo observa la gestión del agua en las islas?
“En Canarias se ha decidido ignorar que no hay gestión del agua sin gestión del territorio y sólo se apuesta, fundamentalmente, por más desaladoras. Esto es un error y, a la vez, un negocio fabuloso para las eléctricas. Si nos tomamos en serio esto de la transición ecológica habría que ir “quitando” plátanos para cultivar otros productos de consumo local que requieren menos agua, pero claro hay todo un entramado de subvenciones (la Política Agraria Común-PAC, el agua de riego, el transporte,…etc.) que se oponen. Además, cada año se tiran millones de plátanos a la basura, la famosa pica, que significa que se tiran a la basura millones de metros cúbicos de agua, lo que quiere decir que la escasez de agua no es solo física, sino que depende de lo que hacemos con el territorio, aunque objetivamente llueva poco. Necesitamos potenciar la agricultura ecológica, local y a pequeña escala y no tanto la de exportación supersubvencionada. Por otro lado, el turismo tiene que disminuir, inevitablemente por razones de agua y de energía. Por ahí iría la transición ecológica real”.