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Catalunya

Los altercados en Cataluña de los pasados días siembran de incertidumbre el panorama político español

Los altercados en Cataluña de los pasados días siembran de incertidumbre el panorama político español. Un tal Rajoy no creyó como problema lo que hoy se confirma como incuestionable. ¿Qué ocurre para que las cosas resulten del modo en que resultan? Ha de partirse de un hecho palmario: la democracia es lo que es y nadie puede cuestionarla como tal. Ese asunto le queda largo al PP, a CS y al PSOE por acomodaticio.

Todo comenzó con una de las barbaridades más ingentes que se han registrado en este país en el corto periodo que va de la muerte de Franco a esta parte: un territorio (país, nación) de España pacta con el gobierno legítimo de entonces (Rodríguez Zapatero) la reforma de su estatuto. Por la discusión de todos los partidos de allí, surge y de él se informa; el parlament lo aprueba; el español lo sanciona; y lo blinda un referéndum ad hoc. Mas el dicho PP (con Rajoy a la cabeza), conforme la estaca del nacionalismo de la parte contraria, agravia ese compromiso de responsabilidad. Con campaña infausta en contra de… recurre al Tribunal Constitucional que falla, no a favor del acto de democracia satisfecho por los catalanes y el Estado, sino a favor de la horripilante tiranía (en contra de la “nación”) de la derecha. Así, de la noche a la mañana, los habitantes del lugar fueron conscientes de la sanción: no cabe el diálogo sino la imposición centralista. Contra eso se enfrentan. Del 25/30% (como mucho) de independentistas se pasa al 40/50% de ahora. Como en cualquier comunidad que se precie, incluida la canaria si de ese modo la tratan, los esbirros del fundamentalismo y la tiranía no han de imponerse; esas son las consecuencias.

Lo que el sector de Cataluña que se alza reclama es el dicho acto de democracia al que los partidos nombrados temen. Todos lo hemos aceptado, en la vida privada, en la vida pública: dos no están juntos si uno no quiere. Es lícito responder (como en Escocia o como en Quebec), en un país que se precie de sistema semejante, a la pregunta correspondiente. ¿Quién se opone?, ¿la Constitución? ¿Quién se opondría a que mi pareja crea que se acabó lo que se daba?, ¿yo por ser el macho?

Eso es lo que hay que resolver de una vez. Bien es cierto que del otro lado también se las traen. Por lo que los partidos dichos le permitieron (en provecho propio) a un tal Jordi Pujol, que catalanes eran solo los nacionalistas, nadie más; como ahora ocurre con el independentismo.

Mas tal cosa resiste la discusión política; la otra no.

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