Familia e infancia

Cuentos y música

Ingredientes fundamentales en una dieta hipercreativa para el correcto desarrollo de personalidades originales


Por Vicenta Gisbert Caudeli – Directora de Musinnova

No imaginamos un día sin música como no imaginamos acostarnos sin nuestro cuento, qué bonito es desarrollar la imaginación de los más pequeños a través de la lectura. En esta sociedad en constante evolución tecnológica, los libros van perdiendo protagonismo mientras los dispositivos incrementan su popularidad, pero ¿hay algo más entrañable que la voz de papi o mami recreando personajes de cuento? ¿existe una melodía más evocadora que la canción que nos cantaban desde el vientre materno o la primera que aprendimos a cantar acompañados de nuestros seres queridos?

La música en vivo es como los buenos libros, un placer insustituible al que las nuevas generaciones no deben renunciar. Con el paso de los años vamos añadiendo canciones a nuestra personal “banda sonora” vital y vamos coleccionando también relatos que nos hacen comprender la realidad que nos rodea. Numerosas investigaciones han demostrado que la única conexión con la realidad que poseen los pacientes con Alzheimer en sus etapas más avanzadas son las canciones de su infancia y juventud. La música deja huellas en nosotros. ¿No me creen? Hagamos la prueba: ¿recuerdan la canción que les cantaba mami para calmarlos? ¿recuerdan la sintonía de aquellos dibujos animados que tanto les gustaban?¿reconocen la banda sonora de su película favorita? Seguro que sí.

Nos encontramos un mundo cambiante y una de las cualidades más valoradas en la actualidad es sin duda la creatividad y, en palabras de Einstein “el cerebro no es un vaso por llenar, sino una lámpara por encender”. La pregunta que todos nos haríamos llegado este momento es ¿cómo encendemos esa lámpara? La respuesta sin duda, no es actual, la respuesta viene de muy atrás, los antiguos romanos ya decían “Mens sana in corpore sano” o lo que es lo mismo, debemos cuidarnos por dentro y por fuera, aportando calidad a la formación intelectual, atlética y espiritual.

La lectura nos aporta variedad, disponemos de extraordinarias bibliotecas donde buscar el género que más nos cautiva. La educación física forma parte de nuestra educación obligatoria y la música contribuye tanto a la intelectualidad como a la espiritualidad, no es casual que la musicoterapia tenga cada vez más presencia en la etapa de infantil. La música contribuye a la relajación y en el estado meditativo es cuando nuestro cerebro se conecta y pone en marcha su proceso relacional del que surgen las ideas más brillantes y creativas.

La música no aporta únicamente conocimiento musical, aporta herramientas útiles para la vida adulta, nos prepara para afrontar las relaciones interpersonales, nos motiva a la autocrítica, a encontrar nuestros errores y enmendarlos, para empatizar con las personas de nuestro entorno, para valorar el trabajo colaborativo, el esfuerzo, la paciencia, etc. Hay quien cree que solo los que van a dedicarse a ello profesionalmente han de estudiar música, pero ¿solo practican deporte los que tienen intención de ser olímpicos?

Ofrezcamos a los más pequeños la posibilidad de crecer felices, sanos por dentro y por fuera. ¡Más música!