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Solo en casa

Nunca lo paso peor que cuando estoy algunos días seguidos solo en casa. Ni siquiera entran ladrones a los que vapulear, como en la casa del famoso niño neoyorquino. Parte de esas películas se han rodado en el hotel Plaza de Nueva York, a donde ahora no voy por falta de posibles. Así que solo en casa me dedico a leer y a escribir, más a leer que a escribir, y a recibir las llamadas de algunos amigos y de una variedad de pesados. Pero, no crean, los pesados a veces te llenan el tedio y uno lo agradece. Hay una señora que me llama siempre para contarme novedades. La última fue que el perro de su vecino le caga diariamente en la puerta de su casa y que el buen señor no lleva las bolsitas para recoger las gracias, sino que las deja al albur. Oiga, muy mal, porque la señora, según ella, llega cada día con la cagarruta pegada al zapato y pone su casa perdida y tiene que andar luego fregona en ristre. Eso, que a mí no me interesa un carajo, me lo cuenta la buena mujer día sí, día no, por teléfono, e incluso por mail, que ella se ha adaptado a los tiempos modernos. El otro día tuve entretenimiento porque dos extranjeros borrachos se dedicaron a doblar los enclenques árboles de mi calle, dando saltos y alaridos, como Tarzán. Llamé a la policía, pero ya habían levantado el vuelo cuando llegaron los agentes; en seguida, por cierto. También hay gamberros alemanes, no sólo los malvados proceden de la pérfida Albión, que se decía cuando el invicto, al referirse uno a la Gran Bretaña. Apunte final: cuando esto acabe, todos los canales en abierto deberían acudir al siquiatra para que el galeno diagnostique por qué todas las cadenas de TV -menos la 13- respiran por los poros del PSOE.

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