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Canarias apuesta por la mediación para la resolución de conflictos

Jesús Maeztu, Defensor del Pueblo andaluz: “Es una herramienta muy buena para generar una cultura de participación, de diálogo y que sean las partes las que gestionen la disputa”

Jesús Maeztu, Rafael Yanes, Rosalía Fernández y Felipe Afonso El Jaber posan durante la jornada. DA
Jesús Maeztu, Rafael Yanes, Rosalía Fernández y Felipe Afonso El Jaber posan durante la jornada. DA

El Diputado del Común, Rafael Yanes, informó ayer en la jornada Mediación: presente y futuro, celebrada en Santa Cruz de Tenerife, que el pasado lunes presentó en el Parlamento de Canarias una “propuesta de modificación del reglamento de organización y funcionamiento. En ella, incluyó la mediación como una función más de la Institución, tomando como ejemplo la experiencia del Defensor del Pueblo andaluz “que da a la ciudadanía el protagonismo para la resolución del problema, y a la administración un espacio de diálogo y entendimiento para explicar su posición”, manifestó. Ahora hay que asumir el reto de “formar un equipo de mediación propio, con el fin de encauzar los casos que sean convenientes, hacia ese diálogo y poder llegar a un acuerdo. Para ello, exige una metodología y una técnica específica que hay que conocer”, afirmó Yanes.

Por su parte, el Defensor del Pueblo andaluz, Jesús Maeztu Gregorio de Tejada, expuso la experiencia desarrollada en la región. “Hasta ahora el Defensor era el que atendía la queja de una posible irregularidad de la administración, frente a un derecho que tenía el ciudadano y lo hacía todo él, y se lo comunicaba. En el Siglo XXI, lo más importante del conflicto es saber gestionarlo y dar participación a los colectivos. Papá Defensor se retira de la primera línea y son los colectivos y la administración los que empiezan a dialogar. Por tanto, la mediación es una herramienta muy buena para generar una cultura de participación, de diálogo y que sean las partes las que gestionen entre ellas el conflicto”.

“política de la buena”

De esta manera, continuó Maeztu, “se desarrolla política de la buena”, en la que consejeros, alcaldes o responsables de las administraciones públicas, “dialogan con la ciudadanía a través de los mediadores imparciales que acercan a ambas partes para que lleguen a un acuerdo”.

“Seguimos teniendo entre nuestras prioridades ser los protectores y garantes de los derechos de la ciudadanía mediante la supervisión o la mediación. Unas veces funciona mejor la supervisión, mientras que en otros temas más complicados es el mediador el que va conduciendo a los protagonistas a un acuerdo, con un alto porcentaje de éxito. Primero estudiamos si la queja es susceptible de mediación y aportamos los expertos. Ya por el hecho de que la administración se siente en la mesa informativa obligatoria es un signo de voluntad, después ya veremos si continúa el diálogo”.

Por otro lado, la presidenta del Grupo Europeo de Magistrados por la Mediación en España (Gemme), Rosalía Fernández Alaya, aseguró que “la mediación implica a las propias partes en la resolución del conflicto, por tanto, es un método autocompositivo, es decir, las propias personas, con ayuda del experto mediador, llegan por sí mismas a la solución, mientras que en la figura de la conciliación, pese a ser muy parecido a la mediación, también hay una tercera persona que dirige la solución. Por su parte, en otros métodos como el arbitraje o la resolución judicial, es un tercero el que impone la solución, y en el caso de la negociación, otras personas, en representación de las partes, tienen que llegar al acuerdo y son, por tanto, semicompositivos”.

“sentirse escuchados”

La magistrada lamentó que todavía “sea una herramienta desconocida” y pidió “una legislación común que engarce los derechos de todos por igual”. Asimismo, manifestó, en relación al silencio administrativo, que no puede ser que un ciudadano espere años por una respuesta, ya que “produce frustración y puede terminar en una demanda judicial o en una queja ante el Defensor del Pueblo”. En este punto destacó la importancia de que “las personas se sientan escuchadas”, en ocasiones incluso “es suficiente” para que se desbloquee el conflicto.

Fernández expuso que, en la primera fase de la mediación, “las partes pueden expresar cuales son sus posiciones, y luego van llegando a intereses comunes. Posteriormente, con la ayuda del mediador, sacan sus propias conclusiones que, probablemente en muchos casos, no tienen nada que ver con las posiciones mantenidas en un principio o, por lo menos, se demuestra que no eran de tanto enfrentamiento como creían y se desbloquea la comunicación”.

“Si una disputa llega a la judicialización-continuó-es que hay un conflicto bastante claro, y también un bloqueo de comunicación que se origina por las propias personas o el propio sistema. Con la mediación intentamos desbloquear la relación interpersonal o la que puedan tener con respecto a los jueces o la administración”, finalizó.