10-N

El antes y el después de los carteles electorales

Qué transmiten los políticos y cómo tratan de influir en el voto

La nueva cita con las urnas, junto a la incertidumbre social y política que se respira en el ambiente, nos brindan una oportunidad única para poner el foco de atención en las estrategias de comunicación que nos ofrecen los diferentes partidos políticos. Además, dado el escaso margen temporal y la indecisión de muchos votantes se presenta ante nosotros un escenario poco habitual, en el que el ingenio y habilidad para convencer y transmitir un mensaje electoral potente se convierten en la llave para llegar a la mente y a los corazones de millones de ciudadanos.

En este momento, mas que nunca, nuestros políticos ponen a prueba su capacidad de reinventarse, de resurgir y demostrarnos que son la mejor opción. Y en este contexto, tanto lo que dicen como lo que transmiten a través de su comunicación no verbal se convierten en herramientas esenciales para alcanzar el éxito.

Siendo el cartel electoral uno de los elementos más representativos de un partido, y teniendo en cuenta que son elaborados y estudiados al detalle, resulta absolutamente irresistible adentrarnos en los detalles más destacados y curiosos que podemos encontrar a través de su análisis.

Pedro Sánchez, aires presidenciales

El candidato socialista mantiene la estética elegante y presidencial. Esta vez sin chaqueta, con mirada directa y semblante neutral, Sánchez, que sabe que está en el punto de mira, busca la cercanía con el electorado procurando transmitir que no ha perdido autoridad y que domina la situación. Sonreír podría hacerle parecer demasiado relajado y mostrarse enfadado, o excesivamente duro, podría interpretarse como una pérdida de control. Algo que le hace perder emocionalidad y conexión con el observador. Su eslogan es una continuación del anterior. Después del “haz que pase”, viene el “ahora sí”. Una declaración muy significativa ya que, por un lado, implica un reconocimiento implícito de las derrotas pasadas de Sánchez, y por otro lado transmite la certeza (o esperanza) de que ahora sí saldrá bien, de que por fin ha llegado el momento de poder gobernar. Llama la atención que en esta ocasión aparece la palabra “España”, un detalle bien estudiado que quizás pretenda contrarrestar críticas y especulaciones en torno a los presuntos vínculos entre Sánchez y los nacionalistas catalanes.

Pablo Casado, acortando distancias

Casado se reinventa, esta vez trata de mostrar una imagen más cercana y personal. La cámara se acerca en primer plano insinuando momentos más íntimos y desenfadados, exhibiendo una renovada estética con barba. ¿Estrategia para conectar con los votantes o simple cambio de look? Teniendo en cuenta que numerosos estudios científicos demuestran que la barba es un atributo que tiende a ser percibido como señal de poder, estatus, autoconfianza y madurez, la duda está más que justificada. Además, se juega con esa estética evocadora de las “fotos robadas”, con expresión amable, relajada, inocente… En algunos carteles (porque hay hasta cuatro versiones) aparece descubierto con la sonrisa despreocupada de un niño que mira esperanzado y con ilusión al futuro. El eslogan es claro y directo, apelando a la unión, con alusión a los colores de la bandera española en una de las instantáneas.

Albert Rivera, erre que erre

Ciudadanos vuelve a apostar por la misma fórmula de las pasadas elecciones con una estética, vestuario y expresión corporal de Rivera casi calcadas. Está “en marcha” como su eslogan, una continuación del “vamos ciudadanos”. Reaparecen los colores de la bandera, pero esta vez coloreando el eslogan y ocupando gran parte del espacio por delante del candidato, como un intento de transmitir que España está por delante, que es una prioridad. En el fondo desenfocado aparece un grupo de personas vestidos elegantemente, quizás como intento de acercarse al pueblo, pero con el riesgo de perder votantes que no se sientan identificados con ese perfil. No observamos el mismo número de hombres y mujeres, pero ellas ocupan la primera línea por detrás, ¿un guiño a la figura de la mujer? Eso sí, se destaca la imagen de Rivera al frente, como líder. Su expresión facial es un tanto peculiar y poco natural. Parece el inicio de una sonrisa pero no termina de transmitir una emoción concreta. Un semblante facial poco afortunado para transmitir un mensaje tan potente.

Pablo Iglesias, reaparición estelar

El candidato de Unidas Podemos reaparece después de que en la imagen de los carteles de las pasadas elecciones no tuviera ningún protagonismo. Iglesias ocupa la posición central, con el cuerpo en movimiento hacia adelante, rodeado de un mar de gente, mostrando un rostro amable y una mirada directa. Avanza a lado de hombres, mujeres y niños, de diferentes edades y etnias en un claro esfuerzo por transmitir un mensaje de inclusión en sintonía con el eslogan. Queda patente el deseo de destacar que quiere gobernar con la gente, alejándose de la clásica imagen del líder al que todos siguen. Iglesias está en medio del tumulto, como uno más, con la camisa remangada que inspira que está listo para empezar a trabajar. Sin duda, un cambio positivo y acertado en la imagen del candidato a esta nueva cita electoral.

Santiago Abascal, y seguimos…

En el caso de Vox no hay sorpresas. Es mas de lo mismo, con una estampa casi idéntica a la del cartel precedente. El candidato se muestra de perfil mirando hacia la derecha y, en esta ocasión, parece contemplar con orgullo un auditorio repleto de seguidores. Esta nueva estrategia visual puede inspirar un aumento de la influencia y popularidad de Abascal, pero le hace perder la valiosa conexión con el observador. La imagen del candidato es fría y estática, casi como una estatua. Lo compensa con el fondo que aparece teñido del verde que representa al partido, en el que se puede apreciar un auténtico baño de multitudes ondeando banderas españolas. Algo que conecta con el emotivo eslogan, “España siempre”, casi como una promesa dirigida a los corazones más patrióticos.

Iñigo Errejón, el nuevo

Más país se estrena con un cartel que rompe con los todos los esquemas. Se trata de una imagen innovadora y moderna si la comparamos con el resto, pero la estética se asemeja más a la portada de una nueva serie de Netflix que al cartel de una campaña electoral. Como aspecto positivo cabe destacar la mirada directa de Errejón como punto de conexión con el votante. Sin embargo, a falta de un eslogan potente que conecte con el semblante serio y poco expresivo del candidato, no hay mucho más que añadir.