el charco hondo

El prólogo

El regalo no son las botas, el regalo es el paseo, es lo que verás y sentirás cuando eches a andar con unas botas que en sí mismas, metidas en la caja, no son nada. La frase la tomo prestada de una conversación entre Lesley Sharp y Robert Glenister (junto a Indira Varma, en Paranoid, deliciosos los tres como suelen serlo los buenos actores o actrices británicos). La cabeza a veces va por libre, y a raíz de esa escena el cerebelo me sopló que a las botas les pasa lo que al abrazo de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, que en sí mismo, metido en una caja de solo ciento cincuenta y cinco escaños, no es nada. Para hablar de que hay Gobierno no basta con un abrazo. Ni el regalo son las botas ni la gobernabilidad es ese abrazo, sino lo que a partir de ese instante los socialistas se han visto obligados a ver, escuchar y sentir cuando el abrazo echó a andar por los riscos parlamentarios. Sánchez se marcó tres objetivos cuando, confirmado su patinazo electoral, descubrió que lo único que le quita el sueño es un bloqueo que amenaza seriamente con llevárselo por delante. Necesitaba que se hablara de otra cosa para que se dejara de hablar de que Sánchez metió la pata creyendo que las urnas lo reforzarían; lo necesitaba, y en buena medida lo consiguió. También le urgía que estos días no fueran un calco de los anteriores, allá por mayo; y pareció lograrlo. Pero, sobre todo, el lunes del abrazo su prioridad fue sembrar un espejismo, alimentar un efecto óptico para que el país creyera que el abrazo significaba que había Gobierno, y no, claro que no. Los veintiún escaños que separan abrazo y gobernabilidad desmienten que haya Gobierno, entre otras cosas porque esos veintiún diputados a veces suman pero también se restan entre ellos, provocando que en ocasiones se avance, sí, pero retrocediendo, dibujando sobre las moquetas del Congreso ese charco que el calor te hace ver sobre el asfalto pero que nunca alcanzas. De ahí que no sea descabellado augurar que el abrazo acabe desdibujándose, dando paso al inicio de otra conversación diferente, de otro calendario, de otro abrazo -con el PP- puede que poco cinematográfico pero más parecido a lo que significa tener gobierno. Ni el regalo que Lucy hace al agente Bobby Day son las botas, ni el abrazo de Sánchez a Iglesias significa que haya gobierno. Es pronto para descartar otros escenarios. Ni siquiera debemos considerar un disparate que el abrazo haya sido concebido como prólogo de la negociación con el PP.

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