el charco hondo

Los teloneros

La negociación a cinco, seis o siete bandas que protagoniza el equipo médico habitual de Pedro Sánchez -con un buen puñado de partidos sentados al otro lado de las cinco, seis o siete mesas- recuerda las últimas jornadas de algunas temporadas de la Liga de fútbol, en las que un club para ser campeón (o en su caso para no descender) no bastándole con ganar necesitaba que otro equipo no ganara, que un tercero ni ganara ni empatara y, cerrando la cuadratura del círculo, que un cuarto perdiera por al menos dos goles de diferencia. Futbolística, parlamentaria y políticamente, dos semanas después de El Abrazo articular una mayoría suficiente para lograr la investidura sigue pintando feo; y lo verdaderamente sustancial, la gobernabilidad, pinta peor. El pegamento que permitió la moción de censura a Mariano Rajoy fue insuficiente para gobernar, y el escenario que ahora pretende Sánchez anuncia obstáculos que no se están dejando domesticar. Con el país sumergido en nuestro ancestral océano de filias y fobias, no está de más recordar que lo verdaderamente relevante es dar con la fórmula que permita la gobernabilidad. Partiendo de esa premisa, resulta preferible una gobernabilidad construida con piezas que algunos consideren antipáticas -si es que garantizan la gobernabilidad, ojo- a perpetuar un escenario de ingobernabilidad. ¿Hay opciones que no pasen por la que está negociando Sánchez? Hay otros caminos. Aritméticamente difíciles, sí, pero cuál no. Catorce días después de El Abrazo, siguen los socialistas, y en consecuencia el resto del pelotón, pedaleando sobre una bicicleta estática, quemando calorías sin avanzar un solo metro porque nada existirá, ni será realmente real, mientras no se sepa en qué acaba lo de ERC. Sin ERC la foto de El Abrazo se borrará prematuramente; y con ERC, dependiendo de los términos del hipotético acuerdo, es probable que Sánchez pierda algunos apoyos negociados con anterioridad, partidos que se desmarcarán porque sus feligreses no los quieren compartiendo foto con los independentistas. Si eso ocurre, y no es descartable, el presidente en funciones se verá obligado a coger el teléfono al PP, pero a esa conversación llegará algo cautivo y bastante desarmado. Están ocurriendo muchas cosas sin que en realidad esté pasando algo. Los partidos que están negociando con los socialistas son solo los teloneros de la negociación con los independentistas. Mientras no suba al escenario ERC los teloneros seguirán pedaleando sobre una bicicleta estática.

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